sábado, 25 de diciembre de 2010

Comentarios de las noticias: la pesadilla de los cibermedios

Comentarios de las noticias: la pesadilla de los cibermedios

LOS MEDIOS de comunicación han integrado con gran rapidez la participación de la audiencia en sus sitios web.
El abanico de herramientas ofrecidas es muy amplio: valoración de informaciones, comentarios de noticias, intervención en foros, encuestas, envío de contenidos noticiosos en cualquier formato (foto, vídeo, audio, texto), etc. Los comentarios de las noticias se han convertido en mecanismos de participación habituales en los cibermedios y han alcanzado gran aceptación entre los lectores.
Según un estudio del Bivings Group1, en 2008 el 75% de los medios digitales de los Estados Unidos brindaban a los lectores la posibilidad de comentar las noticias. En 2007, únicamente lo hacía el 33% y el año anterior un exiguo 19%.
La participación es una característica propia de la comunicación en internet y una demanda de los usuarios. Los medios son conscientes de ello y han derivado de ser simples proveedores de información a intentar convertirse en comunidades online, convencidos de que esta estrategia es una vía eficaz para incrementar el número de usuarios y fidelizar a su público. Sin olvidar, las posibilidades que la cercanía con la audiencia ofrece como fuente de información durante el proceso productivo.
En los últimos meses, sin embargo, han surgido algunas voces críticas con los espacios de participación en los medios, muy en particular con los comentarios a las noticias2.
Y es que el éxito de esta forma de participación ha derivado en una problemática inicialmente no prevista: su gestión. Los principales medios reciben miles de comentarios cada día. Algunos, pocos, son aportaciones interesantes que alimentan ricos debates, pero entre ellos se escabullen, cada vez con más frecuencia, mensajes con insultos, descalificaciones y alegatos racistas y xenófobos3.
Un estudio reciente4 demuestra que no existe un auténtico debate entre los participantes. Aunque los insultos no son habituales, sí que lo son las descalificaciones; y, en general, los hablantes no se reconocen como interlocutores válidos.
Las descalificaciones tienen como destinatarios a los actores principales de las noticias, instituciones del Estado (gobierno, judicatura…), políticos, los autores de las noticias o los medios que las publican, grupos sociales identificados como el “enemigo” y otros lectores que han intervenido previamente. Tampoco muestran interés por los argumentos de otros; y las interpelaciones entre los participantes son escasas y sin carácter crítico, cuando aparecen suelen tener un tono peyorativo.
El estudio no ha hecho más que evidenciar una preocupación que muchos responsables de medios ya habían constatado previamente y que se ha traducido en la decisión de cancelar o establecer limitaciones en los mecanismos de participación. El diario Segre, por ejemplo, decidió suprimir los comentarios de las noticias, tras tener que afrontar una querella por injurias a raíz de un comentario de un lector en un fórum.
Otros medios, como Avui5Público6 o 20 minutos7, han instaurado sistemas de moderación, han prohibido el anonimato o han establecido restricciones, clausurando ciertos contenidos a comentarios.
Los medios norteamericanos no se han librado del mismo problema. La mayoría de los grandes cibermedios, USA todayWall Street journalNew York timesLos Angeles times,Washington postChicago tribune…, han establecido algún sistema de control de los contenidos generados por la audiencia, que van desde la existencia de equipos de moderación a la posibilidad que sean los propios lectores los que informen de mensajes inapropiados.
USA todayLos Angeles timesWashington postPhiladelphia inquirerDenver post o elHouston chronicle, por ejemplo, exigen un registro antes de poder comentar noticias; elNew York times o el Chicago tribune revisan los comentarios antes de su publicación.
El New York daily news y el Denver post emplean ambas estrategias: registro y moderación. Algunos medios han ido más allá, como el Sun chronicle, que ha establecido un sistema de pago para poder comentar las noticias (99 centavos). En Europa, en Le monde sólo los abonados (6 € al mes) pueden comentar.
Sobre el control de los comentarios
Aceptado el principio de que la libertad de expresión no puede conculcar otros derechos fundamentales y que no debe estar por encima del respeto y la responsabilidad, buena parte del debate se ha centrado en discutir sobre la eficacia de los sistemas de control y sobre quién debe ejercer ese control; y, muy especialmente, en torno a la necesidad o no de prohibir los comentarios anónimos. Aunque no faltan las voces que reniegan de cualquier forma de moderación, considerada una forma de censura, éste no deja de ser un discurso minoritario y, en general, se acepta la necesidad de alguna forma de gestión de la participación.
Algunos medios han optado por externalizar la moderación, una solución económica, pero controvertida. Por un lado, se ha mostrado poco eficaz. Así lo reconocía, por ejemplo, la defensora del lector de El país, en respuesta a las quejas recibidas de los usuarios por el tono de algunos comentarios aparecidos8. Pero, sobre todo, parece contradictoria con los discursos que los medios han articulado sobre la importancia de la participación, lo “saludable” que es conocer la opinión de los lectores al instante, o la riqueza que aporta a la práctica periodística.
Pocos son los medios donde los propios periodistas se responsabilizan de supervisar los contenidos de los comentarios de las noticias que han publicado, una práctica que podría contribuir a la mejora de las informaciones. Al fin y al cabo, los lectores siempre han sido una fuente de información importante a para los periodistas. La mayoría aducen falta de tiempo para no asumir esa labor y tampoco faltan los que defienden que controlar la opinión de los lectores no es tarea periodística9.
Más habitual es encontrar equipos de gestión de comunidades, la mayoría formados por periodistas, sobre los que recae el peso de la gestión de la participación. Al ser estos equipos parte del staff del medio, se facilita la colaboración con el resto de la redacción y la derivación a los redactores los comentarios potencialmente interesantes. Aunque, como los anteriores, tienen los mismos problemas ante noticias que reciben un aluvión de comentarios.
Una cuarta vía explotada por algunos medios es dejar en manos de los lectores el determinar qué comentarios se pueden mantener y cuáles eliminar. Esta opción refuerza el punto de vista del medio, pero se ha mostrado poco eficaz para atajar la publicación de comentarios inapropiados y, además, con frecuencia, genera discriminación ideológica. Un paso adelante en la política de ceder a la audiencia la moderación es el que ha anunciado The Huffington post. Este cibermedio propone un sistema de moderación basado en la confianza que los propios autores despiertan en el resto de lectores, un karma cimentado en el historial de las contribuciones y su calidad. 20 minutos tiene previsto desarrollar un sistema simular tras la puesta en marcha de su nueva web10.
El debate entre los profesionales del periodismo ha sido especialmente intenso en los Estados Unidos, donde no han faltado los alegatos a favor de la prohibición de los comentarios11. Compartidos, entre otros, por Jeff Jarvis, que considera que dejar que los usuarios comenten las noticias es un insulto para los periodistas12Jarvis aboga por una colaboración más estrecha entre periodista y lector en fases más incipientes del proceso de producción informativa. El temor por las repercusiones legales derivadas de los comentarios publicados también planea entre los argumentos de los defensores de la prohibición13.
A pesar de estas posiciones más radicales, buena parte de la discusión se ha centrado en torno a la decisión tomada por algunos medios de prohibir el anonimato en los comentarios. Como la que vivieron a través de Twitter los periodistas Mathew IngramHoward Owens. Básicamente, el primero defendía que existen múltiples comunidades en internet que aceptan el anonimato y que gozan de una excelente salud; y que es extremadamente difícil comprobar la identidad de los participantes, aun con sistemas de registro previo. Para Owens, evitar el anonimato es una cuestión de higiene democrática, todo el mundo tiene derecho a conocer quién es su interlocutor.
Otros argumentos en defensa del anonimato citan la violación de la libertad de expresión, el derecho a la privacidad o el interés de los medios por mantener la agenda periodística vinculada a las fuentes institucionalizadas (partidos políticos, gobiernos…). Sin embargo, el más habitual es el que defiende que el anonimato excluye voces del debate, por el temor de mucha gente de usar sus nombres reales ante las posibles repercusiones, o que debilita el rol de los medios como espacio para la discusión14.
Sobre la necesidad de fomentar el debate
Los medios se han dotado de extensas normas de uso que de forma expresa prohíben la difusión de contenidos antidemocráticos, racistas, xenófobos, pornográficos, de exaltación de la violencia, de apología del terrorismo o que atenten contra los derechos humanos. Además, la mayoría han desarrollado sistemas de control, como el registro previo (Diari de Tarragona), la prohibición del anonimato (Avui), la moderación pre (El país) o post (La vanguardiaGrupo Vocento), o la denuncia por parte de los lectores de comentarios inapropiados (Grupo VocentoEl periódico de Catalunya); y algunos, además, han hecho públicos sus criterios de moderación15.
También han establecido filtros automáticos. Sin embargo, las normas se vulneran frecuentemente y los mecanismos de control se muestran insuficientes. Y es que el problema estriba en que los medios no disponen de los recursos humanos suficientes. Los medios establecen normas, pero no tienen recursos para hacerlas cumplir.
Resulta paradójico que los medios no apliquen a las ediciones digitales los mismos controles y rigor que destinan a las ediciones impresas. En un periódico es impensable que se publique una carta al director sin que previamente se haya comprobado la identidad del remitente (entre otros, por motivos legales). Es cierto que las magnitudes son muy distintas, pero ello no justifica la dejación de responsabilidad. Desde su puesta en marcha, los medios no establecieron ningún tipo de filtro.
A pesar de las posibilidades periodísticas que ofrece, los comentarios -y en general los mecanismos de participación- son considerados todavía como vías para incrementar el número de visitas. Las posibilidades económicas han primado sobre las periodísticas. Y si no, cómo se explican avisos legales que incluyen cláusulas como la siguiente: “Unidad Editorial Internet no garantiza la licitud, fiabilidad, utilidad, veracidad o exactitud de los servicios o de la información que se presten a través de Elmundo.es”.
Los espacios de participación de los medios están, hoy por hoy, lejos de ser un lugar de debate. No es suficiente disponer de herramientas para los comentarios y el intercambio de ideas para que éste se produzca. Lo importante no es decir, sino lo que se dice. Esto es, la calidad de los que se dice. Una calidad que, siguiendo a Habermas1617, puede medirse por la presencia de argumentación, la lógica y la coherencia de los argumentos, la búsqueda del acuerdo, el reconocimiento del interlocutor y el respeto en el diálogo.
El debate en los medios de comunicación no sólo es inexistente, sino que tampoco se muestra demasiado interés en generarlo. Se prima la cantidad sobre la calidad de los comentarios. Sólo cambiando este planteamiento, aplicando de forma rigurosa las normas que han desarrollando, evitando el anonimato y limitando las noticias que pueden comentarse (en ciertos medios, por ejemplo, no se permiten los comentarios a noticias de temas delicados, como el Próximo Oriente), los medios podrían recuperar su función de proporcionar espacios para la crítica pública y el compromiso.
El rigor posibilitaría reconquistar aquellas personas que se sienten molestas por el tono de los comentarios, que los consideran poco gratificantes, y ahuyentaría a los charlatanes más interesados en la descalificación, el insulto y sin ningún interés por la verdad. En medios con políticas de participación más restrictivas, se ha observado que reciben proporcionalmente más contribuciones por noticia que en cibermedios aparentemente más abiertos.
Referencias bibliográficas
2. En Facebook, por ejemplo, se ha creado el grupo “por el control de la barra libre en los comentarios de publicaciones online”, que defiende que “hay que dar un paso más en el periodismo digital para que la libertad de expresión no esté por encima del respeto, la responsabilidad y la ética profesional”.
http://www.facebook.com/group.php?gid=108517825873673&v=wall
3. Los ejemplos son múltiples y algunos han llegado a los tribunales, entre los más recientes: Gómez, Rosario G. (2010) “La justicia actúa contra la impunidad de las injurias anónimas en internet”. Elpais.com 19/11/2010
4. Ruiz, Carles et al. (en prensa) “Conversación 2.0. y democracia. Análisis de los comentarios de los lectores en la prensa digital catalana”. Comunicación y Sociedad.
5. “Els comentaris, amb nom i dos cognomshttp://www.avui.cat/noticia/article/4-economia/18-economia/260975–els-comentaris-amb-nom-i-dos-cognoms-.html”.Avui.cat (29/01/10).
8. Pérez Oliva, Milagros. “Comentarios muy poco edificantes”. Elpais.com (20/12/09).
10. Rieder, Rem. “No comment”. American journalism review, June/July 2010.
http://www.ajr.org/Article.asp?id=4878
11. “Ahora, tú nos das forma”. 20 minutos.es (26/11/10).
13. Tompkins, Al. “Assessing legal risks and guidelines for user comments”. Poynter online (31/05/07).
14. Reader, Bill. “In response”. American journalism review, September 2010.
15. “Guía de moderación de Elpais.com”. Elpais.com
16. Habermas, JürgenConciencia moral y acción comunicativa. Barcelona: Península, 1998.
17. Habermas, JürgenLa ética del discurso y la cuestión de la verdad. Barcelona: Paidós, 2003.
Nota: este texto toma como punto de partida la investigación “La participació dels usuaris als diaris digitals de Catalunya: anàlisi dels comentaris dels lectors”, realizada por Javier Díaz NociDavid DomingoPere MasipJosep Lluís Micó y Carles Ruiz para elConsell de la Informació de Catalunya. Diciembre, 2009.
Cómo citar este artículo:
Masip, Pere. “Comentarios de las noticias: la pesadilla de los cibermedios”. Anuario ThinkEPI, 2011, v. 5, pp. ¿¿-??.

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