martes, 18 de octubre de 2011

[Identidad Bibliotecaria] Biblioteca Nacional José Martí, paradigma de la cultura: cumple 110 años


Azarosa y difícil resulta la historia de la actual Biblioteca Nacional José Martí, que este 18 de octubre cumple 110 años de creada y en la actualidad es rectora del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas, con más de 414  centros afines en todo el país.

La institución surge en 1901 como consecuencia de la tradición cubana de bibliotecas privadas y públicas y como antecedente se nombra la del Real y conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, a finales del siglo XVIII, por la obligación de sus profesores de escribir los libros de textos de las materias que impartían. 

Gracias a ello aún se conservan textos como Filosofía electiva, de José Agustín Caballero; y Lecciones de Filosofía, de Félix Varela. También por esa época se crea la de la Sociedad Económica de Amigos del País, la biblioteca pública más antigua de Cuba. 

Las más destacadas personalidades científicas e intelectuales criollas en el siglo XIX desarrollaron importantes bibliotecas, entre las que se destacaron las de Francisco de Arango y Parreño, Nicolás Calvo y O'Farril, Antonio Bachiller y Morales, Domingo del Monte, Vidal Morales y Morales, José Silverio Jarrín, Néstor Ponce de León y Domingo Figuerola Caneda, caracterizadas por sus lujosas y artísticas ediciones, piezas excepcionales de la producción científica e intelectual mundial y cubana. 

Creada mediante la Ley militar númeri 234 del Gobierno Interventor norteamericano, se nombró como su primer director a Domingo Figuerola Caneda, quien la dirigió hasta 1920 y donó la primera partida de libros de tres mil de su colección personal. 

Desde entonces, lo más sobresaliente de la intelectualidad nacional realizó relevantes donaciones, que permitieron crear valiosos fondos como los de Antonio Bachiller, Francisco Sellén y Manuel Pérez Beato. 

En 1902, la recién creada institución se ubica en los altos de la antigua Maestranza de Artillería y en 1909 Pilar Arazosa de Muller dona una pequeña imprenta que comienza a editar los primeros números de la Revista de la Biblioteca Nacional, fundada por Figuerola Caneda. 

Para 1929, se traslada al Capitolio Nacional, por entonces en construcción, y los libros se colocan en cajas y trasladan a una nave del Viejo Presidio, en la calle Prado, donde un incendio destruyó valiosos documentos y textos. 

Otros muchos ejemplares fueron amontonados en rincones a expensas de los daños producidos por la humedad y el polvo; y no es hasta 1936 cuando el Historiador de La Habana, Emilio Roig de Leuchsenring, funda la Sociedad de Amigos de la Biblioteca Nacional, que empieza a hacerse esfuerzos para salvaguardar ese patrimonio. 

En 1938, después de una fuerte represión contra el movimiento progresista cubano, el jefe de la Policía Nacional, José Eleuterio Pedraza, traslada otra vez la Biblioteca Nacional hacia el Castillo de la Fuerza, con lo cual se incrementaron los daños y fueron afectados más seriamente sus fondos. 

José Antonio Ramos, una de las más reconocidas figuras de la intelectualidad nacional, fue nombrado asesor técnico de la biblioteca y se responsabilizó con la catalogación y clasificación de los fondos existentes. Gracias a sus gestiones se creó la Junta de Patronos, a cargo de la adquisición de libros y el mejoramiento institucional. 

El 21 de marzo de 1941 se promulga la Ley número 20 que establece un impuesto de medio centavo sobre cada saco de azúcar, cantidad que sería entregada a la Junta de Patronos, que se encargaría de la compra del terreno y la construcción de un edificio destinado al inmueble. 

Lo más destacado en esa época es el desarrollo de las colecciones con donativos de  valor, la presencia de su Revista en el campo cultural cubano y el esfuerzo de prestigiosos intelectuales para que todos los proyectos culturales importantes estuvieran presentes en la Biblioteca. 

A propuesta de Don Fernando Ortiz, en 1949 se acuerda designar con el nombre de José Martí al edificio que se proyectaba construir y para inicios de la década de los 50 ya la institución era poseedora de uno de los más importantes fondos bibliográficos y documentales del país. 

La primera piedra de la construcción se colocó el 28 de enero de 1952 y el 12 de junio de 1957, mediante el Decreto número 1664 se dispone la entrega de la instalación a la Junta de Patronos y se dispone el traslado hacia el nuevo inmueble, enclavado en la entonces Plaza Cívica, hoy Plaza de la Revolución. 

Con amplias e iluminadas salas de lectura y un equipo técnico para la preservación de libros y documentos, una pequeña imprenta, sala teatro de conferencias y moderna sección para la música, la Biblioteca Nacional José Martí es el espacio físico y espiritual con que soñaron los hombres de la cultura de la Isla.

Con el triunfo de la Revolución, la biblioteca adquirió una nueva dimensión de crecimiento e inserción en todo el renacimiento del país, bajo la dirección de la bibliotecóloga y doctora en ciencias sociales y derecho público, María Teresa Freyre de Andrade. 

Por el proceso de desarrollo educacional y cultural del país, se crea la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, y  entre 1959 y 1967 fueron entregados en las principales ciudades y pueblos del país algunos de los edificios más significativos y patrimoniales para instalar en ellos las bibliotecas provinciales, municipales y sucursales. 

Las difíciles condiciones económicas por las que pasó la nación durante los años 90 afectaron sensiblemente su funcionamiento, pero pese a ello, las bibliotecas cubanas nunca cerraron sus puertas. Los bibliotecarios estuvieron, día a día, cuidando y preservando el patrimonio bibliográfico, documental y sonoro de la nación cubana. 

En los años finales de esa década, se inicia un período de lenta y difícil recuperación. La Revista de la Biblioteca Nacional, que había estado durante seis años sin ver la luz, reinicia su publicación; se elaboran los primeros planes para la informatización de la Biblioteca Nacional; y surgen, con gran aceptación, los Club Minerva. 

Desde la década de los 60, la Biblioteca Nacional ha tenido una presencia importante en el mundo internacional del libro, con participación en congresos internacionales y firma de numerosos acuerdos bilaterales con otras instituciones homólogas del mundo. (Por Octavio Borges Pérez / AIN)

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