martes, 26 de octubre de 2010

Los madrugadores sufren antes la fatiga cerebral que los trasnochadores


Los madrugadores sufren antes la fatiga cerebral que los trasnochadores
Investigadores de la Universidad Psiquiátrica de Basilea en Suiza y de la Universidad Libre de Bruselas en Bélgica han realizado un estudio con imágenes cerebrales que podría ayudar a explicar por qué algunas personas están más alerta a primeras horas de la mañana y otras se manejan mejor por la tarde. Los resultados de su trabajo se publican esta semana en la revista 'Science'.
FUENTE | ABC Periódico Electrónico S.A.26/04/2009
Los científicos, dirigidos por Christina Schmidt, informan de que la capacidad del ser humano para mantenerse alerta y su habilidad para concentrarse se ven afectadas tanto por la cantidad de tiempo que una persona está despierta como por el momento del día, debido a que los ritmos del reloj circadiano operan según un ciclo de luz y oscuridad.

Los investigadores utilizaron imágenes de resonancia magnética funcional para controlar la actividad del cerebro de individuos madrugadores y trasnochadores que pasaron dos noches consecutivas en un laboratorio del sueño y que realizaron periódicamente una tarea que requería una atención mantenida.

Los resultados sugieren que los trasnochadores suelen exceder a los madrugadores en la duración de tiempo que pueden estar despiertos antes de rendirse ante la fatiga mental. Después de diez horas de estar despiertos, los madrugadores mostraban una menor actividad en las áreas cerebrales vinculadas a la atención en comparación con los trasnochadores. Estas personas también se sentían más somnolientas y tendían a realizar las tareas de forma más lenta.

Estas áreas cerebrales incluyen una que alberga el reloj circadiano maestro. La actividad en esta área disminuía con el mayor tiempo que los voluntarios pasaban despiertos, así, la presión del sueño aumentaba. Según los investigadores, esto sugiere que la diferencia de conducta entre madrugadores y trasnochadores se debe en parte al resultado de las interacciones entre las regiones cerebrales que controlan la presión del sueño y los ritmos circadianos.

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