miércoles, 7 de septiembre de 2011

La revista REALIDADES Y FICCIONES



SUSCRIPCIÓN GRATUITA si escribe a zab_he@hotmail.com, indicando nombre y apellido, email, ciudad y país.

jueves 1 de septiembre de 2011

REALIDADES Y FICCIONES Nº 6
(Literatura y algo más…) 
Septiembre de 2011 

Sumario: 

Narrativa (Héctor Zabala) 
• El espejo desordenado (1643), de Manuel Mujica Lainez. Cuento y análisis. 
• Esopo y su obra. Biografía y algunas fábulas. 
• El fin de la historia, de Liliana Heker. Reseña. 

Poesía (Luis Benítez): 
• Reportaje al poeta Diego Formía
• Selección de poemas del autor

Ensayo (Agustín Romano): 
• Algunos apuntes para la literatura de un tal Julio Florencio

Y algo más… (Héctor Zabala) 
• Cuando el periodismo se porta mal




EL ESPEJO DESORDENADO (1643) 
de Manuel Mujica Lainez 

Simón del Rey es judío. Y portugués. Disimula lo segundo como puede, hablando un castellano de eficaces tartamudeos y oportunas pausas. Lo primero lo disfraza con el rosario que lleva siempre enroscado a la muñeca, como una pulsera sonora de medallas y cruces, y con un santiguarse sin motivo. Pero no engaña a nadie. Asimismo es prestamista y esto no lo oculta. Tan holgadamente caminan sus negocios, que con sus manejos mueven una correspondencia activa, desde Buenos Aires, con Chile y el Perú. Se ha casado hace dos años con una mujer bonita, a quien le lleva veinte, y que pertenece a una familia de arraigo, parapetada en su hidalguía discutible. La fortuna y la alianza han alentado las ínfulas de Simón, hinchándole, y alguno le ha oído decir que si se llama del Rey por algo será, y que si se diera el trabajo de encargar la búsqueda a un recorredor de sacristías, no es difícil que encontraran un rey en su linaje. 
 –Pero no lo haré –comenta, mientras acaricia el rosario–, porque no me importa y porque fose caer en pecado –aquí tartamudeaba– de vanidad. 
 Vive en una casa modesta, como son las de Buenos Aires. La ha adornado con cierto lujo, haciendo venir de España y de Lima muebles, cristales, platerías y hasta un tapiz pequeño, tejido en Flandes, en el cual se ve a Abraham ofreciendo a Melquisedec el pan y el vino. 
 –Los judíos –dice cuando lo muestra a un visitante– sólo me gustan en el pa... paño. 
 –¿En el qué? 
 –En el pa... paño, texidos. –Y se persigna. 
 Tiene celos de su esposa, doña Gracia, cuya juventud provoca galanteo. Para no perderla de vista, ha instalado la mesa de trabajo tan estratégicamente que, con levantar la cabeza, domina sus hogareñas actividades, más allá del patio donde las negras cumplen sus órdenes de mala gana. 
 A doña Gracia le bailan los ojos andaluces. Simón del Rey sospecha que no le ama y de noche, en el lecho matrimonial que parece un altar entre tantos ex votos, reliquias, escapularios y palmatorias, se inclina sobre su bello rostro, con paciencia de pescador, para atrapar lo que murmura en sueños. 
 Alguna vez se escapa de los labios de su mujer un nombre: un nombre y nada más, que se echa a nadar con agilidad de pececillo entre las sábanas, las almohadas y las tablas de devoción. El prestamista lo aprisiona en su tendida red. Al día siguiente, doña Gracia deberá explicar quién es Diego o quién es Gonzalo, y siempre son parientes lejanos o amigos de su hermano mayor, que acudían a su casa cuando era niña. Simón masculla una frase ininteligible y se mete en su aposento, a embolsar las monedas de plata y a calcular cuánto le adeudan su suegro y sus primos políticos. 
 Pero hoy está contento por varias razones. Ha conseguido que el caballero que le diera en prenda su estancia, con molino, corrales y tierras de pan llevar, a cambio de una miseria, se resigne a entregársela sin pleitos, pues no puede pagarle. Además está conversando con un emisario recién venido de Chile, portador de buenas noticias. Es un muchacho con cara de tonto, quien se embarulla al informarle del éxito de sus negocios en el otro lado de la cordillera. Le trae un regalo de parte de su socio chileno. León Omes, también judío, también portugués. Lo despoja cuidadosamente del lienzo que le cubría, y el espejo veneciano fulge, como una gran alhaja, en medio de la habitación. 
 Simón del Rey lo mira y remira, en pos de rajaduras, pero está intacto. Asombra comprobar que ha cruzado los desfiladeros traidores, balanceado sobre una acémila, sin sufrir daño alguno. Tanto crece su entusiasmo que, distraído el temor, llama a doña Gracia. La señora hace su reverencia, pasmada ante la gloria del espejo, y ojea al muchacho de cara de tonto, que tiene un lunar en la barbilla y el pelo negro y brillante como ciertos géneros ricos. 
 En el fondo del espejo, como en un agua verde, turbia, asoma su cara fina de mujer del sur de España, un poco árabe. Y detrás se esfuman las facciones aceitunadas de su marido, que divide la acusadora nariz de gancho, y las del emisario de Chile, sonriente. 
 –No me veo bien –declara doña Gracia. 
 –Es un espejo antiguo –expone el extranjero–; ya me previno mi amo que en eso reside su mérito principal. 
 –¡Y claro! –tercia Simón del Rey, que se las da de conocedor de artesanías refinadas–, ¡muy hermoso... e... e muy antigo! 
Lo ha hecho colocar en el aposento donde duermen, frente al lecho, entre las pinturas de santos y de la Virgen María. Es, en verdad, un espejo muy hermoso. Su marco ha sido ejecutado con la misma materia, al modo veneciano, y las talladas hojas y volutas que le forman se destacan sobre su color de vino rojo. La luna es casi verde. Si el prestamista tuviera imaginación y algo más de lectura, todo el hechizo de Venecia le encantaría por la sola virtud de ese espejo singular, en cuyo encuadramiento persiste la delicadeza de los margaritaios, los sutiles fabricantes de perlas de esmalte y de vidrio y de pendientes con granates, que Marco Polo hizo enviar a Basora y a los puertos del Asia Menor, del Mar Negro y de Egipto, para que de allí las caravanas los transportaran hasta China, donde decorarían los botones de los mandarines. Y en su luna vería la seducción del agua sensual que frota su lomo tornasolado al rubor de los palacios patricios, aéreos como los cristales que el sol de Murano enciende. Pero aunque nada de eso ve, algo especial, algo secreto encierra este espejo italiano, algo que le perturba, cuando súbitamente se vuelve a buscar en él su imagen, porque se dijera entonces que la luna tarda en reflejarla, en devolvérsela, y es como si su rostro ascendiera sin premura de lo hondo del agua. 
A medida que transcurren los días, Simón del Rey se preocupa. ¿Qué demonios le pasa al espejo? Una vez, observándolo a la distancia, desde el lecho, tuvo la impresión de que, en lugar de copiar su cuarto, otro aposento y otras personas habitaban su marco rojo. Se incorporó vivamente, pero cuando se plantó ante él, su faz cetrina esta allí, como brindada por una fiel bandeja. Acaso le estaba aguardando, para tranquilizarle. 
Doña Gracia irrumpe una mañana en su pieza de trabajo: 
–El espejo está embrujado –le dice. 
_¿Y por qué? 
–Porque hoy he visto en él algo que no es de hoy, sino de ayer. 
Simón del Rey se enfada. Le irrita que su mujer entre, contraviniendo órdenes, en su despacho. También le irrita que cualquier mala influencia pueda imponerle desprenderse de tan suntuoso obsequio. 
–Vocé está boba –replica, y la manda a ocuparse de lo suyo. 
Luego, de puntillas, se desliza en el cuarto que el espejo preside con su azogue misterioso, el cual se apresura a serenarle, retratándole de inmediato. 
Simón se encoge de hombros. No dispone de tiempo para dedicarlo a femeninas extravagancias. Le solicitan problemas más graves. Y no es el menor, ciertamente, aquel cuya solución le obligará a alejarse de su casa durante diez días. Tendrá que trasladarse a recibir la estancia que es ahora suya y que se agrega a sus otros campos. Habrá que redactar inventarios, firmar papeles: sólo él puede hacerlo. Y lo más sensato será no dejar transcurrir el tiempo, porque para los portugueses soplan vientos de tempestad, y aunque él se ilusione con la idea de que ya le consideran castellano viejo, a veces le roe la duda y le entran unos grandes apuros y un afán de estar bien con todos y de que todos le calmen con unas sonrisas que se traducen así: ¡Pero, Simón del Rey!, ¿portugués, vuesa merced? ¿Vuesa merced, judío? ¿A quién se le ocurre tal dislate? 
Hace menos de dos años, en 1641, fueron condenados a muerte en Buenos Aires los pilotos del navío Nuestra Señora de Oporto y dos lusitanos más, que trajeron al Río de la Plata anuncios de la rebelión del reino portugués. Y ¡qué comunicaciones! Doña Margarita de Saboya, Duquesa de Mantua y gobernadora del reino, había sido detenida; el pueblo se había levantado en masa y coronó al Duque de Braganza bajo el nombre de don Juan IV; ardía la guerra entre España y Portugal. Simón del Rey se tapaba los oídos. No le interesaba... no le interesaba... que le dejaran en paz... él era súbdito de Su Majestad Católica... y español... y católico también... tan católico como Su Majestad Catoliquísima. 
Deberá irse hoy mismo. Le duele alejarse de su mujer y multiplica las recomendaciones: que no salga a la calle bajo ningún pretexto; que permanezca enclaustrada, como corresponde a una señora de su posición y alcurnia. 
–¡Cómo una monja! –insiste–, ¡como una monjiña! 
Se va, muy erguido, después de persignarse y de echar una última mirada a su espejo inquietante, dentro del cual, evidentemente, algo raro pasa, algo que es mejor no analizar de cerca, porque entonces la Inquisición no le daría cuartel con sus interrogatorios; pero que se podría interpretar como una descompostura, como un desorden en el mecanismo reflector de imágenes, que se acelera o se atrasa. Ni aun tales consideraciones y la presunción de que en la fábrica del espejo veneciano –¡hay tanto hechicero en Italia!– intervinieron recursos mágicos, le decide separarse de él. Quizá, con el tiempo, se adormezca esa agua revuelta. El procedimiento más cuerdo, por ahora, será no mirarlo mucho, y sobre todo no dejar que se transforme en obsesión. Y no exagerar... no exagerar... para que el Diablo no se frote las palmas candentes. 
Diez días después, Simón del Rey está de vuelta. La operación salió a pedir de boca y la estancia es la más importante que posee. En su casa, doña Gracia le espera vestida con el guardainfante opulento, el gris y rosa, y una lazada de seda azul en el cabello. ¡Qué hermosa es, Dios Todopoderoso! Hermosa como un navío dorado del Infante don Enrique con sus velas y sus banderines vibrantes en la brisa del mar. 
Simón del Rey la escudriña con los ojitos hebreos, guiñadores bajo la capota de los párpados. No la interroga. Un caballero no pregunta a su dama cómo se condujo en su ausencia. Pero va y viene por la casa, con su señora en pos, olfateando como un perro de jauría, y aguzando unas miradas oblicuas que resbalan sobre los muebles y ascienden como insectos voraces por el tapiz de Abraham y Melquisedec. 
Esa noche, mientras se desviste en el aposento a la luz de una vela –doña Gracia se despereza en el lecho sin cobijas, desnuda– Simón se detiene ante el espejo y ahoga una exclamación. 
Lo que la luna brumosa le ofrece no es su imagen, con el jubón desabrochado y la gorguera abierta bajo la faz expectante, sino –como si en vez de un espejo fuera un cuadro de verdoso barniz– la imagen de su mujer que retrocede hacia el lecho en brazos del emisario de cara de tonto. Y ese cuadro atroz se mueve lentamente, sonambúlicamente, lo que, si por un lado torna irreal el episodio, por el otro detalla y subraya sus aspectos más reales. A poco la escena se enlobreguece, se deshace como si estuviera pintada en velos muy pálidos, hasta que termina por desaparecer, y del abismo del espejo sube su propio rostro descompuesto; con los ojos reventándole en las órbitas. 
El espanto mantiene tieso a Simón del Rey. Más todavía que la definitiva prueba del sortilegio, le demuda la otra prueba, la de la infidelidad de su señora; porque la primera sobrepasa la razón y no es asunto que un pobre ser humano pueda aclarar, en tanto que la segunda tiene un significado diáfano y, aunque quisiera eludirlo, sólo a él atañe. 
Doña Gracia, en el lecho, le llama con una voz baja que es casi un maullido. De un salto, Simón se arroja en él. Se acurruca en su costado, ante el fingido despecho de la dama, y no responde a sus tentativas insistentes. Minutos después hace como que ronca, para que ella se duerma. Necesita reflexionar sin que le distraigan. No cierra los ojos durante la noche entera. Le quema la sangre. ¿Qué hará? Castigarla, sin duda... pegar, pegar hasta que le duelan las manos que hunde en la almohada... pero no ahora, porque los negros podrían oír sus gritos y presentarse con mucha alharaca; no ahora sino en la estancia, a salvo de todos... 
A lo largo de la noche le acosa la escena que enmarcó el espejo, ese espejo que es como un reloj desordenado, cuyas manecillas dementes se paran donde les place. Al alba, concilia el sueño. 
Despierta con el sol alto. Doña Gracia abandonó el aposento hace horas y andará trajinando con los servidores. Simón del Rey se frota los ojos y en seguida vuelve a apoderarse de él la evidencia desagradable... Pegar... pegar hasta que las manos le duelan... En la estancia, cerca del molino, hay una choza... Arrastrarla allí y pegar... pero no aquí... aquí hay testigos, parientes... un mundo de parientes orgullosos... y ese gobernador que aprovechará para vejarle, porque le odia... le odia como un caballero odia al judío con quien tuvo tratos por dinero y a quien debió soportar y agasajar y palmear en el hombro... No aquí sino allá, en la estancia, en el fortín extraviado entre talares y lagunas... 
Se levanta, salpica sus mejillas y su nariz palestina con agua y se pone ante el espejo, deseoso y temeroso a un tiempo de que el cuadro que certifica su burla haya regresado a él. Pero en su lugar la luna de Venecia muestra en su retablillo de títeres lamentables otro acto, en el cual él desempeña el papel principal. Asómbrase Simón, pues la escena que se desarrolla –esa en la cual dos soldados le prenden y se ve al señor alcalde con un gesto torcido– no ha tenido efecto aún, y el prestamista, tras breve vacilación, adivina que el reloj loco, cuyas agujas corren hacia delante y hacia atrás con movimientos incoherentes, le está exhibiendo algo que un día sucederá y que se reflejará dentro de esa misma luna prodigiosa. Y de inmediato se da cuenta de que le arrestarán por asesino de su mujer; se da cuenta de que aunque su venganza se esconda en la soledad de la llanura, le descubrirán, y comprende que esos vanidosos castellanos que matarían a sus esposas por la sospecha más nimia, no tolerarán que un portugués judío haga lo mismo con una que procede de su altiva casta, no obstante que haya pecado, y deduce que él será quien saldrá perdiendo. Procura apaciguarse. Ya abundarán ocasiones para el desquite. Ahora en menester quedarse quieto. 
–¡No, no –se repite tartamudeando–, no sucederá, no me meterán entre fierros! 
Simón del Rey se dirige a su despacho. Le está aguardando su amigo Juan de Silva con novedades de bulto: la situación ha hecho crisis; mientras él se hallaba fuera de la ciudad, el gobernador don Jerónimo Luis de Cabrera hizo pregonar un bando por el cual ordena que los moradores de nación portuguesa se inscriban en un registro y entreguen allí sus armas. Han acudido trescientos setenta; más de la cuarta parte de la población porteña es de ese origen. Todos concurrieron, del maestre de campo Manuel Cabral de Alpoin abajo, con arcabuces, con espadas, con dagas, con picas. 
El mal humor del prestamista encuentra desembocadura y se lanza por ella a borbotones, como un torrente. Golpea la mesa con ambos puños y vocifera que él no irá, que no es portugués, que no lo fue nunca, sino un vasallo leal del Rey Felipe; y echa a su compadre. 
Su mujer se arrima, medrosa, porque ha captado el chisporroteo que atiza el peligro. 
–El espejo... –comienza a decir. 
Simón del Rey explota, furioso: 
–¡Nāo me cuente del espejo... nāo me lo nombre..! 
La tarde caliente se cuela por la ventana, en la penumbra de la siesta, para atisbarle, empacado delante del cristal veneciano que sin reposo estudia, como si fuera un mapa mural y él un jefe que se apresta a dar una batalla, y que titubea antes de marcar la mudanza de las posiciones. Pero el espejo, quizás alertado por esa vigilancia, ha suspendido la oscilación que trae y lleva las imágenes cuya custodia se le confía, y lo único que le da, a cambio de su presencia avizora, es su propia efigie de medio cuerpo, como un irónico retrato velazqueño, con una mano crispada bajo la gorguera. 
–No la tocaré –dice Simón del Rey–; no iré a presidio por culpa de esa perra cristiana... Después... después... 
Y cuando lo está diciendo o pensando, entran en su habitación, sin previo aviso, los dos soldados y el alcalde que vio reflejados allí. 
–Simón del Rey –manifiesta el alcalde solemnemente–, traigo orden de conduciros ante Su Señoría, por no haber cumplido lo que dispuso sobre el desarme de los portugueses. 
Simón se desconcierta. Esto no figuraba en sus planes. ¿Cómo iba a presentirlo, cuando tenía que considerar un asunto tan arduo y de tan distinta condición? ¿Qué pretende don Jerónimo Luis: que se vuelva loco? ¿Por qué no le dejan tranquilo, con su intranquilidad? ¿Cómo va a conjurarla o por lo menos a narcotizarla, si le torturan con estupideces? 
Tartajea: –No soy portugués... 
–Tendréis que acompañarme. 
–No soy... no soy portugués... 
Exasperado, porque la rabia impotente de ser portugués hasta la punta de las uñas y de que por ello invadan su casa se suma ahora a la de saberse engañado, descarga su ira sobre el alcalde, perdido el dominio, y le da un empellón. 
El funcionario se alisa la ropa y dice: 
–Vendréis conmigo a la cárcel, Simón del Rey, por rebelaros contra la autoridad. 
El prestamista se agita como un poseído. En la luna espectral, cópiase exacta la escena que vio esa mañana: los soldados avanzan y el alcalde del torcido gesto. Ante la sorpresa de los esbirros, rompe a reír. ¿Así que esto era todo? ¿Nada más que esto? ¿No le conducirían al Fuerte para ajusticiarle, sino para una simple declaración? Ríe hasta las lágrimas. ¡Ay –solloza–, ya regresaré, pronto regresaré! Su risa se muda repentinamente en cólera. Como un látigo le hostiga el recuerdo del mal rato que pasó por culpa del espejo. Antes de que los soldados puedan apoderarse de él, exclama: 
–Éste es... éste es o culpable... o maldito... 
Y alza lo que más cerca encuentra –un Cristo de plata del Alto Perú– y lo estrella contra la luna que, al partirse arrastra entre sus fragmentos las imágenes rotas. Saltan los fragmentos púrpuras y verdes. Uno se clava en la mejilla izquierda del alcalde y la sangre mana: 
–¡Me habéis herido –gime el funcionario– y voto a Dios que lo pagaréis! 
Los hombres se abalanzan sobre el portugués y le tuercen las muñecas para sujetarle, pero Simón del Rey no cesa de reír. Cruzan el patio, rumbo al zaguán. Doña Gracia aparece, asustada por el estrépito. Al mismo tiempo surge de la calle el muchacho con cara de tonto, que apenas puede murmurar que venía a despedirse, porque ya se llevan a Simón. 
El prestamista cruza maniatado el corro que se amasó frente a la puerta, dentro del cual hay chicos que le gritan judío y negras que le sacan la lengua. Se vuelve para ver a su mujer y al extranjero que permanecen ante su casa y que luego entran en ella, muy juntos, a recoger los restos del espejo veneciano, del espía muerto. 
Huirán a Chile con su pasión desesperada, pero Simón no lo sabrá nunca. Su proceso ambulará por tribunales indiferentes, acumulando papelería, de Buenos Aires a Lima, de Lima a España, hojeado distraídamente por magistrados e inquisidores, que se devolverán la carpeta cada vez más abultada, hasta que nadie entienda cuál es la causa que se debate, ahogada en un mar de sellos y de rúbricas, los que se repiten como si el expediente se hubiera llenado de espejos laberínticos que copian las idénticas fórmulas latinas y los rostros iguales de los jueces. Y Simón del Rey perderá todas sus estancias. Le enviarán de una a otra celda, por tentativa de asesinato en la persona de un representante de Su Majestad; por ocultamiento sedicioso de armas a favor de los enemigos portugueses; y por herético judío, que no vaciló en arrojar un Cristo contra la pared, quebrando un espejo, después de jurar que ese Cristo –que llamó maldito– era el culpable de su desgracia. Y se transformará en un viejecito cuyo temblor hace tintinear su rosario, y que susurra a los carceleros sordos: 
–Le pegaré... La llevaré a la estancia... le pegaré... me dolerán las manos... 






ANÁLISIS DE “EL RELOJ DESORDENADO” 
de Héctor Zabala © 

Esta obra es parte del libro “Misteriosa Buenos Aires”, extraordinaria creación de Manuel Mujica Lainez, quien, pretextando una colección de cuentos, aprovecha para mezclar anécdotas, hechos históricos y leyendas, en las que no faltan costumbres y supersticiones de época (incluso magia y hechicería), relacionados con personajes de diversa condición y fortuna desde 1536, año en que la población fuera fundada por primera vez [1] por don Pedro de Mendoza, como aldehuela apenas protegida por una empalizada, hasta 1904 cuando comienza a vislumbrarse la moderna ciudad que es hoy. En estos cuarenta y dos cuentos, el autor demuestra un trabajo de profunda investigación y hace alarde de una tensión dramática que mezcla con descripciones de exquisita elegancia. 
El cuento El reloj desordenado se sitúa en 1643 cuando Jerónimo Luis de Cabrera se desempeñaba en Buenos Aires como gobernador del Río de la Plata (1641-1646), colonia española que por entonces dependía del Virreinato del Perú. 

EL CONTEXTO HISTÓRICO Y 
LA PERSONALIDAD DEL PROTAGONISTA 
Simón del Rey es judío y portugués, dos detalles que no son precisamente simpáticos en una colonia española cuya metrópoli viene manteniendo tensiones políticas con la corte portuguesa, apoyada a su vez por Gran Bretaña, potencia que disputa el imperio mundial al reino hispano. Por otra parte, hace un siglo y medio los judíos fueron expulsados de España por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, y su sola presencia o mención es particularmente odiosa a los habitantes de todos los dominios peninsulares, desde ya profundamente católicos. En este contexto histórico se desarrolla el tema del cuento. 
Por si esto no bastara, Simón es prestamista, profesión vista con desprecio porque equivale a usurero. Nótese que por unas migajas que prestó, se queda con toda una estancia, garantía del préstamo. Desde la Edad Media y aun hasta mucho después hubo una larga tradición literaria sobre el tema, en la que los usureros casi siempre son judíos (vgr. en el Mío Cid, en El mercader de Veneciade Shakespeare, etc.) y donde los diversos autores no los dejan bien parados, cosa que refleja el prejuicio ancestral de las sociedades europeas para con ellos, prejuicio que más tarde llegará por dicha vía al continente americano. 
En medio de esa situación delicada, Simón se esfuerza por demostrar su catolicismo e hispanidad sin lograrlo en absoluto, pues a menudo cae en errores de dicción que demuestran su origen portugués (vgr. cuando dice: fose caer…, texidos…, e muy antigo…, nāo…, como una monjiña, etc.), errores que no solucionan ni ocultan sus pausas y tartamudeos adrede. En cuanto a la religión, Simón exagera su fe católica: se lo encuentra siempre con un rosario a cuestas, a cada rato alega ser católico, la cabecera de su lecho matrimonial está recargada de imágenes cristianas, todo demasiado ostentoso y artificial como para que alguien lo crea sincero. 
Por otro lado, muchas de sus actitudes cotidianas son justamente las que la gente de la colonia reprocha al judío: desvivirse por el dinero, ser avaro o casi miserable (Simón, pese a ser rico, vive en una casa modesta), ahogar las finanzas de los deudores para sacar mucho provecho, asociarse con otros mercaderes judíos, etc. 
En el orden amoroso, la obra sugiere que consiguió una esposa cristiana gracias a oportunos préstamos monetarios a la parentela política, la cual a su vez parece bastante frívola pues vive de las apariencias, obligada quizá por una hidalguía española discutible, detalle social de relevancia en un medio como el de la Buenos Aires del siglo XVII. 
Esto hace de Simón un hombre respetable sólo en apariencia. En efecto, aunque todo el mundo le rinda homenaje o le muestre gran consideración mientras está presente, por detrás con seguridad se burlan, lo critican o hablan de su persona con ironía. Y él intuye ese desprecio. Un ejemplo palpable de tal cinismo social lo brindan las esclavas negras, quienes cumplen sus órdenes a regañadientes, indicio indirecto de que están al tanto de lo que piensan de Simón los vecinos y conocidos de la familia. Asimismo, sus parientes políticos quizá también lo odien por verse obligados a una genuflexión degradante, humillante, para quienes se consideran a sí mismos hidalgos, es decir “hijos de alguien”, por tener entre sus ancestros alguna gente de alcurnia, noble, ya sea real o imaginaria. Este rechazo hacia su persona, saltará a la vista cuando caiga en desgracia y sea arrestado: “…hay chicos que le gritan judío y negras que le sacan la lengua…”
Esto no ocurriría jamás si su origen fuera sin mácula según los cánones sociales de su tiempo y lugar, es decir si fuera genuinamente español y católico. Así que, en realidad, el pobre Simón al tratar de demostrar lo que no es, sin duda cumple un ridículo rol de comediante. 
Y es que interiormente, y pese a todo (incluso contra sus propios deseos), Simón sigue siendo judío por sus actitudes y portugués por sus pensamientos, y baste para ello estos párrafos: 
• “¡Qué hermosa es [dice de su mujer], Dios Todopoderoso! Hermosa como un navío dorado del Infante don Enrique con sus velas y sus banderines vibrantes en la brisa del mar”. Pasaje en el que obviamente se refiere a Enrique el Navegante, príncipe portugués del siglo XV e iniciador del desarrollo ultramarino de Portugal[2]
• “Exasperado, porque la rabia impotente de ser portugués hasta la punta de las uñas…”. Es decir, por más que lo disimule y quiera demostrar su hispanidad, el hombre se sabe, se siente, portugués. La nacionalidad no es cosa que se pueda dejar así como así. 
• Y en cuanto a ser un judío convertido a medias, lo delata en parte su entusiasmo por el tapiz de Abraham y Melquisedec, obra de arte que reproduce un pasaje del llamado Antiguo Testamento [3], pero sobre todo el crucifijo arrojado contra el espejo. Un despropósito en cualquier época y un acto sacrílego para su tiempo, que un hombre educado desde pequeño en la fe católica jamás hubiera hecho por más irritado que estuviera, aunque mas no sea por mera superstición sino le alcanzara el respeto. 


LA PERSONALIDAD DE LA ESPOSA DE SIMÓN 
Doña Gracia es una joven bonita, fogosa, que fue obligada a contraer nupcias con un viejo que, además de judío y portugués, encima es un renegado, un vergonzante, en ambos casos. 
Este matrimonio desparejo hace que Simón la esté celando de manera permanente, lo cual no impide que ella mantenga fantasías sexuales con otros hombres en la forma de sueños eróticos, cuestión que provoca la ira del marido, a quien la muchacha debe dar explicaciones cada mañana al levantarse, la más de las veces confusas o poco creíbles. La obra deja entrever que ella quizá hasta haya tenido algún amante de soltera. 
La joven finge amor y deseo hacia este marido molesto, a la par que probablemente en su interior lo odie o le tenga asco: “Doña Gracia, en el lecho, le llama con una voz baja que es casi un maullido. De un salto, Simón se arroja en él. Se acurruca en su costado, ante el fingido despecho de la dama, y no responde a sus tentativas insistentes”. 
Esa tensión sexual de mujer insatisfecha estalla al llegar un muchachito con el espejo mágico que trae de Chile, regalo del socio trasandino del marido: “La señora hace su reverencia, pasmada ante la gloria del espejo, y ojea al muchacho de cara de tonto, que tiene un lunar en la barbilla y el pelo negro y brillante como ciertos géneros ricos”. En resumen, pese a la cara de tonto o quizá alentada por eso (un amante así no traería problemas a su condición de casada, al menos a priori), la mujer ve en ese cuerpo juvenil, acorde al de ella, la solución a su pospuesto apetito sexual. 

DETALLES DE ÉPOCA 
Mujica Lainez siempre fue muy cuidadoso del transfondo histórico en su narrativa. No cometía errores de ese tipo. Así por ejemplo: 
• “Tan holgadamente caminan sus negocios, que con sus manejos mueven una correspondencia activa, desde Buenos Aires, con Chile y el Perú…” 
En efecto, el comercio entre España y sus colonias tenía como base la férrea política monopólica que enriquecía a los comerciantes organizados en torno a laCasa de Contratación de Indias, con sede en Sevilla [4]. Esta entidad controlaba el flujo de mercancías hacia y desde España, y el asunto estaba relacionado a concesiones reales que interesaban mucho a la recaudación impositiva del Imperio. Una de las rutas de ese comercio obligado (comerciar de otra forma se consideraba contrabando) fue la marítima desde Sevilla al Caribe, que tras escalas llegaba al istmo de Panamá, donde las mercancías se cargaban en mulas para luego volverlas a cargar en la flota del Pacífico con destino a Lima, ciudad privilegiada al efecto, y parte a Chile. Desde Chile y Perú, se proveía después Buenos Aires. 
De ahí que Lima y Valparaíso (verdadero puerto de Santiago) fueran de suma importancia en el comercio con Buenos Aires, ciudad que por entonces existía sólo oficialmente como puerto para caso puntual. De ahí también que Buenos Aires (vía Colonia del Sacramento, actual Uruguay) se hiciera más tarde famosa por el contrabando de importación de mercaderías británicas, a través de intermediarios portugueses. 
• Simón piensa que “…si se llama del Rey por algo será, y que si se diera el trabajo de encargar la búsqueda a un recorredor de sacristías, no es difícil que encontraran un rey en su linaje…” 
Esto nos recuerda que para conocer la prosapia era necesario recorrer sacristías, es decir los lugares donde se asentaban nacimientos, matrimonios y defunciones, pues las iglesias funcionaban como verdaderos registres civiles. Con seguridad existían profesionales que se dedicaban a tal actividad para comprobar genealogías y encontrar eventuales hidalguías por encargo de personas dispuestas a pagar el servicio. 
• La frase “Simón… se mete en su aposento, a embolsar las monedas de plata”nos refleja un hecho muy importante: la plata era un elemento esencial en la economía de la colonia, metal extraído en su mayor parte del cerro de Potosí, Alto Perú o actual Bolivia. 
El nombre de Río de la Plata (más un estuario que río), sobre cuya margen derecha fue edificada Buenos Aires, se debió en gran medida a los rumores que cundían desde las primeras conquistas españolas respecto de la existencia de grandes cantidades de ese metal en la región. El Río de la Plata sería teóricamente la puerta de acceso a dichas riquezas. El nombre de nuestro país, Argentina, como se puede apreciar (de argentum ~i, plata) comparte esa misma etimología. 
• Con “La ha adornado con cierto lujo [la casa], haciendo venir de España y de Lima muebles, cristales, platerías y hasta un tapiz pequeño, tejido en Flandes…”se muestran dos cosas: la falta de artistas locales finos y de verdaderas industrias. Por entonces, Buenos Aires era una ciudad pobre, perdida en el borde mismo del imperio español y dejada a la mano de Dios en cuanto a suministros de uso cotidiano. Tales problemas traerían como reacción el contrabando con los ingleses y portugueses para hacerse de manufacturas (también de esclavos aunque no en grandes cantidades) a cambio de cueros y lingotes de plata como exportación. Este comercio ilegal sentará las bases de la futura riqueza relativa de la ciudad, de la pugna para que España legalice su comercio con británicos y portugueses y, finalmente, para el levantamiento de 1810, primer paso hacia la independencia, que luego se extendió como reguero por toda América hispana ante la tozudez de los Borbones que deseaban continuar con el sistema de monopolio, si bien tomaron algunas medidas liberales que no fueron suficientes. Pero eso sería otra historia. 

INDICIOS DE QUE SIMÓN SERÁ DETENIDO 
A lo largo del cuento, Mujica Lainez nos avisa que el protagonista será arrestado: 
• “…para los portugueses soplan vientos de tempestad…” 
• “…aunque él [Simón] se ilusione con la idea de que ya le consideran castellano viejo, a veces le roe la duda y le entran unos grandes apuros y un afán de estar bien con todos y de que todos le calmen con unas sonrisas que se traducen así: ¡Pero, Simón del Rey!, ¿portugués, vuesa merced? ¿Vuesa merced, judío? ¿A quién se le ocurre tal dislate?” 
• “Hace menos de dos años, en 1641, fueron condenados a muerte en Buenos Aires los pilotos del navío Nuestra Señora de Oporto y dos lusitanos más, que trajeron al Río de la Plata anuncios de la rebelión del reino portugués”
 “Y de inmediato se da cuenta de que le arrestarán por asesino de su mujer…” 
• Incluso hay un indicio inverso cuando dice: “–¡No, no –se repite tartamudeando–, no sucederá, no me meterán entre fierros!” 

INDICIOS DE QUE SIMÓN SE VOLVERÁ LOCO 
Varios indicios desperdigados a lo largo del cuento, anuncian la futura locura del protagonista. Así, por ejemplo: 
• “¿Qué pretende don Jerónimo Luis: que se vuelva loco?” 
• “…y del abismo del espejo sube su propio rostro descompuesto; con los ojos reventándole en las órbitas”
• “…porque la primera sobrepasa la razón…”. Esta frase si bien se refiere en principio al sortilegio que supone un espejo mágico, también puede interpretarse como perder la razón. 
• “…un reloj desordenado, cuyas manecillas dementes…” 
• “…adivina que el reloj loco, cuyas agujas corren hacia delante y hacia atrás con movimientos incoherentes…” 
• Aquí también hay un indicio inverso: “El procedimiento más cuerdo, por ahora, será no mirarlo mucho [al espejo mágico], y sobre todo no dejar que se transforme en obsesión”

CONCLUSIÓN 
Lo interesante es que el narrador astutamente nos confunde durante el desarrollo de la trama sobre el porqué de esa detención o al menos nos mantiene en la duda permanente. Uno puede imaginar, mientras lee, que Simón será finalmente encarcelado por algún daño grave inferido a su propia esposa tras un ataque de celos. O por su condición de portugués, agravada por los prejuicios antisemitas, que se desbocan en épocas de crisis político-militar. 
Pero no, lo irónico del asunto es que el pobre judío portugués terminará preso por un simple arrebato sobreviniente de la tensión acumulada por el temor a caer en las desgracias referidas en el párrafo anterior, y justo cuando comienza a sentirse liberado de una posible ejecución o de la cárcel rigurosa por tales asuntos. Y lo más sarcástico, rayano en el humor negro, es que su juicio penal se desarrolle por las acusaciones de ataque a un funcionario imperial español tras intento de desacato y por cometer sacrilegio, siendo que tales delitos nunca estuvieron en su intención de súbdito fiel. 
De ahí que sea notable la paradoja para quien vivió en una falsa apariencia como católico y español: tener que sufrir una cárcel de por vida por delitos aparentesque siempre cuidó evitar. 

[1] Buenos Aires fue fundada dos veces. La primitiva, el 3 de febrero de 1536 por Pedro de Mendoza que la llamó Nuestra Señora del Buen Ayre. Fue abandonada por orden de Domingo Martínez de Irala en 1541 luego de graves conflictos con los indios querandíes, que derivaron en duros enfrentamientos, sitios y hambrunas. Buena parte de estos conflictos con los indígenas se debieron a la falta de tacto y previsión de los conquistadores españoles, en especial del propio Mendoza. El 11 de junio de 1580, tuvo lugar la segunda y definitiva fundación de Buenos Aires, bajo el título de Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, por Juan de Garay. Con el tiempo, el nombre fue acortado por razones prácticas y sus habitantes tomarían el gentilicio de porteños (gente del puerto). Las ruinas de la primera población fundada por Mendoza no se han encontrado y hay muchas dudas sobre el lugar exacto de su emplazamiento. 
[2] Enrique el Navegante se llamaba Enrique de Avis y Lancaster y también era conocido por Infante de Sagres o Infante Don Enrique (Oporto, 4/3/1394 – Sagres, 13/11/1460). Fue la figura histórica más importante de la era de los descubrimientos. Gracias a ser hermano del rey portugués, logró llevar a cabo grandes empresas marítimas al reunir en Sagres a experimentados navegantes, geógrafos y astrónomos. Sus marinos realizaron el descubrimiento de los archipiélagos de Madeira, Tristão Vaz Teixeira, Azores y Cabo Verde, así como la exploración en detalle de la costa occidental de África. Pero lo más significativo fue que sus desvelos sentaron las bases del desarrollo ultramarino portugués y su subsiguiente imperio. 
[3] La anécdota de Melquisedec y Abraham (por entonces Abrán o Abrám) se encuentra registrada en el libro bíblico de Génesis, capítulo 14, vss. 18 al 20. Alrededor de la vigésima centuria antes de Cristo, Melquisedec fue rey y sacerdote en Salem, nombre con que se conocía a la ciudad de Jerusalén en aquel tiempo. 
[4] La Casa de Contratación de Indias cambió su sede de Sevilla a Cádiz en 1717. 



Manuel Mujica Lainez 
(Buenos Aires, 11/9/1910 - Cruz Chica, Córdoba, 21/4/1984). 
Novelista, poeta, ensayista, biógrafo, crítico de arte y periodista argentino. 

Sus obras: 
Novelas: Don Galaz de Buenos Aires (1938);Los ídolos (1953); La casa (1954); Los viajeros (1955); El retrato amarillo (1956), novela corta publicada por la revista Ficción; Invitados en El Paraíso (1957);Bomarzo (1962); El unicornio (1965), De milagros y melancolía (1968), Cecil(1972), El laberinto (1974), El viaje de los siete demonios (1974), Sergio (1976),Los cisnes (1977), El Gran Teatro (1979), El escarabajo (1982). 
Cuentos: Aquí vivieron (1949), Misteriosa Buenos Aires (1950), Crónicas reales(1967), El brazalete y otros cuentos (1978), Un novelista en el Museo del Prado(1984). 
Poemas: Canto a Buenos Aires (1943), con ilustraciones de Héctor Basaldúa. 
Ensayos: Glosas castellanas (1936), Héctor Basaldúa (1956), Los porteños(1979). 
Traducciones: Cincuenta sonetos de Shakespeare (1962); Fedra, de Racine (1972). 
Biografías: Miguél Cané (padre) (1942); Vida de Aniceto el Gallo, biografía de Hilario Ascasubi (1943); Vida de Anastasio el Pollo, biografía de Estanislao del Campo (1947). 
Crónicas periodísticas: Placeres y fatigas de los viajes I (1983), Placeres y fatigas de los viajes II (1984). 
Misceláneas: Estampas de Buenos Aires (1946), con ilustraciones de Marie Elisabeth Wrede; Bomarzo (1967), libreto para una ópera con música de Alberto Ginastera; Letra e imágenes de Buenos Aires (1977) [1]Más letras e imágenes de Buenos Aires (1978) [1]Nuestra Buenos Aires (1982) [1]; Jockey Club un siglo(1982) [1]Páginas de Manuel Mujica Láinez seleccionadas por su autor (1982), recopilación de textos inéditos con Prólogo de Oscar Hermes Villordo; Vida y gloria del Teatro Colón (1983) [1]
Obras completas: Tomo I (1978), Tomo II (1980), Tomo III (1981), Tomo IV(1981), Tomo V (1983). Editorial Sudamericana. 
Obras póstumas: Cuentos inéditos (1993), incluye El retrato amarilloGenio y figura de Manuel Mujica Lainez (1996) de Jorge Cruz, de EUDEBA que incluyeLos libres del sur, novela inconclusa que Mujica Lainez estaba escribiendo hasta su muerte; Los porteños II (1998), ensayos; Cuentos completos. Tomos I y II (2001), con prólogo de Jorge Cruz; Luminosa espiritualidad (2004), recopilación de dibujos (laberintos) y textos de Mujica Lainez con prólogo de Guillermo Whitelow; Los dominios de la belleza (2005), antología de cuentos y crónicas periodísticas seleccionadas por Alejandra Laera; El arte de viajar (2007), crónicas periodísticas seleccionadas por Alejandra Laera; Manuel Mujica Lainez en El Paraíso (2009), incluye su diario sobre la compra de la estancia “El Paraíso”;Cuentos escogidos (2009), selección de Jorge Cruz y Gregory Clemons; El hombrecito del azulejo (2010), reedición del cuento en versión cuatrilingüe (castellano, inglés, francés y alemán) con ilustraciones de Sophie le Comte. 

[1] En todos los casos con fotos de Aldo Sessa. 



ESOPO Y SU OBRA [1] 
(circa 620 – 560 a.JC) 
por Héctor Zabala 

Esopo habría sido un fabulista griego de los siglos VII y VI antes de Cristo, cuya existencia está muy en duda. Hay pocos datos sobre su persona, que ya desde la época clásica (si es que realmente existió) se vio envuelta en leyendas. Heródoto (480 – circa 420 a. JC) narra algunos pasajes de su vida, que la crítica dominante considera como meras fantasías de tradiciones orales recogidas por este historiador. También Aristóteles (384 – 322 a. JC) y Plutarco (circa 50 – circa 150 d. JC) le han dedicado alguna que otra página. Existe además una supuesta Vida de Esopo, escrita por el monje benedictino Planudo en tiempos tan avanzados como el siglo XIV, detalle que la hace aún más dudosa que las versiones más antiguas. 
La confusión de sus biógrafos es tan grande que su nacimiento se sitúa tanto en Frigia como en Samos, en Sardes, Lidia o, incluso, Tracia y Egipto. Habría sido un esclavo hortelano vendido a Xantos de Samos, filósofo que le habría concedido la libertad tras no poder competir con su ingenio. También se dice que Esopo era de piel oscura, grotesco, deforme (cabezón, mofletudo, cuellicorto, jorobado, con pies y boca grandes), defectos a los que se sumaba su tartamudez. Sin embargo, su fealdad física se habría visto compensada por una inteligencia audaz y el gran ingenio que plasmaría en sus fábulas. 
Asimismo, habría alcanzado importantes dignidades (hay anécdotas que lo relacionan con embajadas del rey Creso o en la corte del Faraón), aunque la desdicha lo acompañaría toda la vida, al punto que hasta un hijo habría intentado matarlo. Su vida acabaría en Delfos, al ser despeñado como consecuencia de una falsa acusación por robo sacrílego. Se cuenta que, aun al borde del precipicio, habría intentado convencer a los verdugos con sus fábulas y metáforas, si bien inútilmente. 

COLECCIONES 
Pero más allá de que haya existido o no, parece estar fuera de duda que en la época clásica toda nueva fábula –género de origen esencialmente popular– era atribuida a Esopo, lo que contribuyó a acrecentar todavía más su ya legendario prestigio. 
El ateniense Demetrio de Falero (circa 350 – 280 a. JC) llevó a cabo la primera recopilación de sus fábulas. Antes de este filósofo peripatético, las fábulas se transmitían oralmente o bien a través de citas de diversos autores. Incluso se las incluía en textos escolares. 
El número de fábulas atribuidas a Esopo comprende unas 584, según el especialista Ben Edwin Perry (1892-1968), creador del índice que lleva su nombre. Autores posteriores han extendido este índice a más de 700. 
Entre las más conocidas se cuentan La zorra y las uvas (# 15), El labrador y sus hijos (# 42), El león y el ratón agradecido (# 150), El pastorcito mentiroso [2] (# 210) y La liebre y la tortuga (# 226). 
Versiones completas de estas fábulas fueron publicadas y traducidas por Émile Chambry (Aesopi Fabulae, París, Les Belles Lettres, 1925 y 1927) y August Hausrath (Corpus Fabularum Aesopicarum, Leipzig, Teubner, 1940-1956). En ambos casos se tomó como base el índice Perry así como reconstrucciones indirectas de colecciones antiguas y medievales conocidas como Augustana(siglo I) [3]Vindobonense (siglo VI) y Accursiana (siglo IX) [4]
En castellano existe una interesante versión editada por Planeta-DeAgostini (colección Los Clásicos de Grecia y Roma) en 1995, Esopo, Fábulas, con traducción y notas de Pedro Bádenas de la Peña. 

En esta edición de nuestra revista se incluyen algunas fábulas de Esopo poco difundidas, cuyas enseñanzas nos sirve a todos. Y algunas en particular a los políticos de cualquier país o partido y, por supuesto, también a quienes nos toque elegirlos desde el llano. 



LA ZORRA Y LA MÁSCARA (# 27) 
Entró una zorra en el taller de un escultor y, tras revolver en todas y cada una de las cosas que allí se encontraban, se topó con una máscara de teatro [5], y levantándola dijo: “¡Oh, qué cabeza, lástima que no tenga seso!” 
Que se ajusta a la persona hermosa de cuerpo pero falta de juicio. 

EL CARBONERO Y EL LAVANDERO [6] (# 29) 
Un carbonero que tenía su negocio en una casa, viendo que un lavandero se había establecido en las cercanías, fue a pedirle que fuera a instalarse con él, aduciendo que así aumentarían su amistad, amén que bajarían sus costos pues al compartir el mismo local todo les saldría más barato. Pero el otro le respondió: “Al menos para mí esto es imposible porque lo que yo blanquee, muy pronto lo vas a ennegrecer de hollín”. 
Que muestra que lo desigual por naturaleza es imposible de asociar. 

EL ENTRECANO Y LAS DOS AMANTES [7] (# 31) 
Un hombre entrecano tenía dos amantes, una joven y otra vieja. La de más edad, avergonzada de tener intimidad con alguien más joven, no dejaba de arrancarle pelos negros. A su vez, la jovencita, intentando disimular que tenía un amante viejo, le arrancaba los blancos. Así fue cómo el pobre hombre llegó a quedarse calvo. 
Algo similar a la anterior. Lo que anda desacompasado resulta perjudicial. 

LAS RANAS QUE PIDIERON UN REY (# 44) 
Las ranas, cansadas de no tener un gobierno, pidieron al Olimpo que les diera un rey. Zeus, viendo su simpleza, les tiró un palo [8] a la charca donde vivían, diciéndoles: “Ahí tienen a su rey”. Al principio, asustadas por el ruido de la caída del palo, las ranas se escondieron en el fondo de la charca. Sin embargo, como vieran que el palo permanecía quieto, salieron a la superficie y de a poco se fueron acercando. Más tarde, notando que el palo sólo flotaba y seguía sin hacer nada, llegaron a despreciarlo tanto que se subían y se sentaban sobre él y hasta no faltó quienes le saltaran encima y croaran con escándalo. Por fin, indignadas de tener un rey tan manso, lo tiraron a un lado del charco y recurrieron de nuevo a Zeus para que les cambiara de gobernante, alegando que el que tenían ya ni siquiera las asustaba. Entonces, Zeus, irritado por el poco respeto que mostraban a su rey, les envió a cambio una hidra (serpiente de agua) que las devoró a todas. 
Que enseña sobre la preferencia de tener un gobernante poco activo pero sin maldad, a otro muy activo pero malvado. 

LOS CAMINANTES Y EL OSO (# 65) 
Dos amigos iban por el mismo camino cuando de repente apareció un oso. Uno de ellos se subió de inmediato a un árbol y allí se escondió; el otro, al verse solo y a punto de ser destrozado, se dejó caer y se hizo el muerto. El oso se acercó y mientras lo olfateaba, el caído contenía la respiración, pues dicen que el oso jamás toca un cadáver. Cuando el oso se marchó, el del árbol le preguntó qué le había dicho el oso al oído y el otro respondió: “Que nunca más viaje en compañía de amigos que no permanecen al lado de uno en los peligros”. 
Sólo en las malas se conocen los verdaderos amigos. 

EL MONO ELEGIDO REY Y LA ZORRA (# 81) 
En una asamblea de animales, un mono –tenido en buena opinión– fue elegido rey. La zorra, sedienta de su puesto, al ver un pedazo de carne en una trampa, llevó allí al mono diciéndole que había encontrado un tesoro y que, como buena súbdita, en vez de aprovechárselo para sí, lo había guardado como digno regalo de un rey y lo animó a recogerlo. El mono, despreocupado, se acercó. Luego, y ya preso en la trampa, acusaba a la zorra de haberle tendido una sucia celada. La zorra le contestó: “¡Mono! ¿Con inteligencia semejante pretendes ser rey de los animales?” 
Los ineptos siempre se exponen al fracaso y al ridículo.

LOS LOBOS Y LAS OVEJAS (# 153) 
Unos lobos andaban al acecho de un rebaño de ovejas. Como no podían apoderarse de ninguna por causa de los perros que las protegían, decidieron hacerlo mediante una estratagema. Enviaron emisarios a decirles que la enemistad entre ovejas y lobos se debía a los perros pastores, pero que si se fiaban de ellos (los lobos), tendrían paz. Las ovejas, sin prever lo que pasaría, echaron a los perros. Fue así que los lobos se apoderaron de las ovejas y se comieron todo el rebaño. 
Los pueblos que abandonan fácilmente a sus jefes terminan en manos del enemigo. 

[1] No está claro que estas fábulas se escribieran originalmente en verso o en prosa. De todos modos, como en nuestra lengua hoy se las encuentra en prosa, se justifica la ubicación de este artículo en la sección de narrativa. 
[2] También conocida como El pastor bromista
[3] El erudito Francisco Rodríguez Adrados la ubica en el siglo V de nuestra era, pero esto no obsta a que el fondo de la colección pueda ser mucho más antiguo. 
[4] El especialista Ben Edwin Perry postuló que esta colección sería del siglo XIV pero su opinión sería minoritaria entre los eruditos. 
[5] O máscara de tragedia, como se la traduce en algunos casos. 
[6] También se la conoce como El carbonero y el batanero
[7] Hay versiones que la vierten como El entrecano y las prostitutas, pero la idea general del texto no admite tal título. 
[8] En algunas versiones se lee estaca



EL FIN DE LA HISTORIA (de Liliana Heker) 
por Héctor Zabala 

A Liliana Heker la descubrí hace años cuando leí su cuento La fiesta ajena, una obra magistral en la que nos expone la psicología de tres personajes centrales: la señora de clase media (o media alta, quizá) con ideas muy propias de su entorno, probablemente atávicas, de las que ni ella misma parece darse cuenta; las ilusiones de la chiquilina de clase baja por “pertenecer” y la de su madre, sirvienta, realista, desconfiada por su experiencia de vida y, por ahí, hasta algo resentida. Esto me incentivó a leer más de esta escritora, que no conozco personalmente, y la verdad es que hasta hoy todo lo que he leído de ella me ha gustado. 
La novela El fin de la historia me la regaló una de mis hijas para un cumpleaños y recuerdo haberla leído con mi mujer en apenas unas horas. Su narrativa es estupenda, sus silencios hablan, la tensión dramática es permanente, sus personajes viven. La novela nos trae un tema urticante para la sociedad argentina: la subversión y la lucha antisubversiva en los llamados años de plomo. Un asunto que la gente de izquierda quiere poner sobre el tapete en todo momento y lugar, sin fijarse demasiado si viene o no a cuento con el tema que se toca, y que la gente de derecha pretende ignorar, al estilo “de eso no se habla”, como dice un título de Julio Llinás, o “esto no existió”. Ambas posiciones, ridículas, demostrativas de una actitud adolescente de nuestra sociedad, o al menos de parte de algunos de sus referentes que pretenden ser o erigirse en líderes de algo, son conductas que se repiten hasta el cansancio en muchos políticos, y mejor no hablemos de cierto periodismo, que hoy habla lo que ayer calló o, peor aún, hoy calla lo que nunca se atrevió o tuvo ganas de decir, pese a que continúan jactándose de que fueron y siguen siendo el “cuarto poder”. 
La versión de Liliana Heker, en cambio, es madura, tal como corresponde a una intelectual que busca la verdad por sobre todas las cosas. A ella no la influyen las ideologías –que las debe tener como cualquiera, claro está– pero que no trasunta a su pluma más allá de los personajes. Su narrativa está hecha desde la visión de cada individuo de la novela, con los sentimientos e ideales tal como se dan en un contexto de alianzas espurias, traiciones, deberes (reales o supuestos), ilusiones, prejuicios, lujurias. Ni los “buenos” son tan buenos, ni los “malos” son tan malos, parece decirnos como moraleja, sin importar demasiado a quiénes consideramos buenos y a quiénes, malos. Porque lo que se dio en ese enfrentamiento sucio es mucho más complejo: es esto, les guste o no, tanto a los nostálgicos de izquierda como a los de derecha. 
El tema desde ya es terrible, como es lógico suponer. Incluso se detecta en varios personajes características de personas reales, históricas, aunque no figuren con nombre y apellido, pero la señora Heker nunca apela al melodrama ni al golpe bajo para mostrar hechos o desarrollar situaciones. Algún crítico simplista dirá que el nudo narrativo podría caratularse en un expediente judicial como síndrome de Estocolmo pero la novela no se queda sólo en eso. Hay mucho más y muy jugoso. De ahí que valga la pena leerla. Una obra realista y profundamente psicológica y sociológica, que hace de Liliana Heker una gran escritora y un verdadero orgullo para quienes hemos nacido en esta parte del mundo. 


Liliana Heker 
Narradora y ensayista. Nació en Buenos Aires en 1943. Trabajó desde muy joven en la revista literaria El Grillo de Papel y fue cofundadora, junto a Abelardo Castillo, de El Escarabajo de Oro (1961-1976) y con este mismo escritor y Sylvia Iparraguirre de El Ornitorrinco (1977-1988), revistas literarias de extraordinaria importancia. En estas publicaciones, en las que actuó como directora, sostuvo polémicas y publicó ensayos y críticas. 
El libro Los que vieron la zarza (1966) la consagró como una de las grandes narradoras contemporáneas. Sus cuentos completos han sido recopilados en el volumen Los bordes de lo real (1991), que se tradujeron al inglés. Y muchos también se han publicado en Alemania, Canadá, Holanda, Polonia, Rusia, Israel, Irán, Serbia y Turquía, después de haberse traducido a sus respectivos idiomas. En 1996 se editó la novela El fin de la historia y en 1999 Las hermanas de Shakespeare, libro que comprende artículos publicados en diferentes medios entre 1971 y 1977. 
Es, además, autora de las siguientes obras: Acuario (1972), Un resplandor que se apagó en el mundo (1977), Las peras del mal (1982), Zona de clivaje (1987),Diálogos sobre la vida y la muerte (2000), La crueldad de la vida (2001), Cuentos(2004) y El legado inagotable (2005). 
Entre los premios obtenidos, figuran: Hispanoamericano de Casa de las Américas(Cuba, 1966), Faja de Honor de la SADE (1967), Primer Premio Municipal de Novela (Buenos Aires, 1986-1987) y , Diploma al Mérito en Cuento, quinquenio 1989-1993, de la Fundación Konex
Actualmente integra el directorio del Fondo Nacional de las Artes de la Argentina. 


Luis Benítez

Entrevista al poeta y animador cultural 
Diego Formía


LA POESÍA ES LA QUE NOS LLEVA 

Entrevista de: Luis Benítez © 
Fotografías: archivo personal del autor 
Diego Formía

Nacido en 1970 en La Palestina, Provincia de Córdoba, el poeta Diego Formía coordina una página de narrativa local y coedita un suplemento cultural regional en el diario Puntal de Río Cuarto, además de dirigir la revista electrónica Vuelo Digital (www.vuelodigital.com.ar). Entre otros títulos, ha publicado los poemarios “Crol en el invierno líquido” (2006) y “El Pez del Ojo” (2010). Formía es un activo y muy conocido animador cultural y en esta entrevista nos informa sobre su actividad creativa y organizativa, dos vertientes que desarrolla con reconocido talento y entusiasmo. 

Luis Benítez: ¿Cómo fue el desarrollo de su poética, desde su primer libro hasta el último que ha publicado? 
Diego Formía: Uno nunca sabe bien quién es, dónde está y qué es lo que está haciendo. Así como algunos intentan armarse un yo con el lenguaje (una voz en una época determinada) a mí me impulsan procesos de trabajo y las posibilidades creadoras del lenguaje. La poesía es la que nos lleva, nos come; arrastra nuestras vidas en forma de una pasión. Esa vitalidad poética se hace desde esa acción que tiene una razón inteligible. No creo en las poéticas armadas desde una lógica especulativa: quizás se pueda manejar racionalmente esa pulsión que nos lleva a escribir, pero en ese intento se pierde poesía, se le pone un techo. 
Creo en lo que dice Eduardo Milán, en su libro “Resistir. Insistencias sobre el presente poético” (habría que agregar Latinoamericano), cuando habla de la poesía de lo errático y del poeta como un vagabundo que es hablado. “El poema como errancia significa el fin de la dependencia de la poesía respecto de la realidad. Sin lugar, sólo queda el poeta derivar o, en términos de Gilles Deleuze y Félix Guattari, “devenir”, ser otra cosa, ir de identidad en identidad, estar en movimiento continuo. El poeta pierde identidad en ese vagabundeo interminable y el poema pierde al titular de su habla. Ya no hay identidad: hay identidades. Ya no hay una realidad que obedecer: hay realidades y todas intercambiables según el punto en que se encuentra el poeta en esta verdadera fuga de un centro ausente”. (“Resistir. Insistencias sobre el presente poético”, artículo de Eduardo Milán. FCE, México, 2004.) 

Mis libros: 
• “Un velero en el vacío” (1999, imprenta municipal de Río Cuarto) fue mi primer libro y si bien es genuino y potente en su particular intento de transmutar el dolor, tiene muchos problemas técnicos, porque en esa época (a lo que hoy entiendo como una postura adolescente) no le daba importancia a los aspectos formales de la poesía. 
• Luego vendrá el libro-disco “Sonajeros” (2002, editorial Universidad Nacional de Río Cuarto) que nace como un planteo lúdico, infantil y por ende ingenuo, una postura adrede para crear un mundo cerrado, un mundo de opciones positivas en un país que se caía a pedazos, un lugar en donde hacen ronda los hijos, la familia, los amigos. Los textos de Sonajeros fueron creados para ser leídos y musicalizados (y plasma el interés que aun hoy permanece en mí: el de buscar cruces de lenguajes para examinar posibilidades expresivas que siempre comparto con artistas de otras disciplinas). Todos los poemas del libro fueron leídos y grabados en un disco experimental que completa el volumen. 
• Luego vendrá “Crol en el invierno líquido” (2006, Cartografías Editora) que es un nado hacia adentro, un personaje que está tirado en la cama que no puede o no quiere levantarse, es de tono existencial y minimalista, rompe abruptamente con la “fiesta infantil” del libro anterior para ponerse en el otro extremo, en el de la soledad y la angustia que se pregunta. 
• Mi último libro es “El pez del ojo” (2010, Cartografías Editora) que tiene una unidad muy fuerte entre sus poemas. Toma recursos poéticos del pasado (como la aliteración, por ejemplo) para decir lo contemporáneo; bajo la idea de que la “única verdad es la ilusión general” que se plasma en imágenes poéticas, en el sentido de que el ojo y los órganos de percepción son imperfectos y que la física, que estudia la estructura de la materia, a través de sus teorías subatómicas ha descubierto el vacío cuántico de las “cosas”. Esto es algo que a los físicos les cuesta explicar pero que es de una belleza admirable y que, al menos yo creo, acabará con nuestra fuerte influencia del materialismo para comprender el universo. 

LB: ¿Cuál es su experiencia como animador cultural? 
DF: He descubierto tres pasiones en mi vida, claro que con distintas pulsiones e intensidades: la poesía, la comunicación y la animación cultural. A esta última la encuentro hace unos diez años y de hecho es uno de mis trabajos en el municipio de Río Cuarto. Si bien la animación cultural es hoy toda una disciplina de estudio (mi formación específica en realidad es en comunicación social) creo que lo básico de esta labor es tener cultura general, sensibilidad ante los procesos sociales para saber cuáles son los hechos culturales (cultura en términos de valores y como toda actividad que desarrolla el hombre) pertinentes a promover en una determinada sociedad a partir de necesidades concretas de desarrollo social. Y en esto de promover comienza a jugar un aspecto artístico-social en términos creativos. 
Vamos a un ejemplo, el encuentro anual de poesía que se hace desde hace cinco años en Río Cuarto, Encuentro Nacional Aguante Poesía, nace en el momento en que te pones a pensar con otros (siempre con otros, porque la animación cultural no es una cuestión de un tipo, de un iluminado, es justamente una cuestión social) que en tu ciudad no hay un espacio que le permita a la poesía local entrar en diálogo con la poesía que se hace en el país; algo que evidentemente, enriquecerá a la poesía local en los más diversos aspectos, y se supone que lo local, en una visión federal de país, tiene algo que decir en términos nacionales. Luego vendrá cuestiones más prácticas y de organización, por ejemplo, cómo hacer comprender a los funcionarios sobre esta necesidad porque son ellos los que determinan en qué se invierte y en qué no. 
Una vez alcanzada la decisión política hay que determinar cómo se administra el dinero que el Estado determina invertir en esta actividad. Luego pensar las acciones concretas que se desarrollarán en el encuentro cada año: cuales son los poetas que se van a invitar teniendo en cuenta la heterogeneidad que existe hoy en la poesía argentina, si se van a desarrollar lecturas, charlas, talleres literarios, etc… Aspectos que, si bien soy quien de alguna manera ejecuta, se van discutiendo, charlando, consensuando entre los poetas locales que conforman el grupo Cartografías, agrupación que en realidad es la organizadora del encuentro y la creadora de este espacio que es de todos; incluso de poetas, editoriales independientes y revistas especializadas de otras ciudades, que se sienten parte del Aguante Poesía porque comprenden profundamente su espíritu. 
También podría contarte sobre un ciclo de difusión científica que llevé adelante durante cinco años y que para mí es entrañable… pero lo dejaremos para otro oportunidad… Lo único que voy a agregar es que la animación cultural, para hacerla bien y que funcione en términos de desarrollo cultural, es de una logística increíble, que lleva MUCHÍSIMO TRABAJO. En eso si me ha sorprendido esta labor; en su complejidad, en los distintos planos a tener en cuenta. Se planifica (por ejemplo para el encuentro de poetas) desde un micrófono, un vaso con agua, una mesa, el lugar, el pasaje, la comida, el hotel de los visitantes… pero también la poesía que escucharemos en esos días. 

LB: ¿Cuáles son las propuestas de su revista electrónica, Vuelo Digital(http://www.vuelodigital.com.ar)
DF: Vuelo digital es un SEMANARIO que se pensó y diseñó durante un año a partir de la nueva ley de medios; hecho político que devolvió “la poesía” a la formación en comunicación de los que hacemos Vuelo Digital, medio que comparto con el diseñador gráfico y webmaster Germán Sayago y mi hija Violeta Formía que es estudiante de comunicación social y de diseño gráfico. 
Conscientes de que los medios son apenas herramientas tecnológicas y que detrás, delante y en los contenidos siempre estamos las personas, se ideó los distintos aspectos del medio en un sentido social que respondiera a las circunstancias de la época. 
El equipo tuvo en cuenta las nuevas tecnologías y los nuevos hábitos de la gente a la hora que decide “mirar para afuera” a través de los medios. Entendimos que internet y las redes sociales son herramientas válidas para comenzar a pensar en un espacio colectivo para la comunicación. En este marco también se tuvo en cuenta los diversos formatos y lenguajes en los que hoy la gente “lee”: textos, audios, videos, fotos, música y los cruces de estos lenguajes. 
Vuelo Digital se propone publicar contenidos para público general (sin dejar el objetivo de entretener) desde la construcción de un espacio que escuche las necesidades de difusión de artistas, educadores, agentes culturales, trabajadores sociales, organizaciones no gubernamentales e instituciones educativas para erigir una red que apueste a la construcción colectiva. La ideas es dar visibilidad a una cultura que el equipo llama “emergente” porque los medios masivos tradicionales parecen no advertir la importancia de ciertos hechos sociales y culturales que a nosotros nos resultan centrales al momento de empezar a ver una “realidad” diferente; conscientes de que la perspectiva en que miramos y aquello que miramos también genera realidad. 
También se propone como un espacio de confluencia y de diálogo entre lo que se genera en la ciudad de Río Cuarto y las producciones, proyectos, ideas que existen en otras ciudades del país. 
El semanario actualiza todos los jueves y el material se almacena en sus distintas secciones. Hoy se puede encontrar: 
Videos: Las grandes aguas (video poema de Griselda García), Hombre en dos (cortometraje de Gastón Molayoli), Al perder la dentadura (video poema de Raúl Mansilla), El imperio de los colores (presentación del documental sobre la inmigración de Marcos Altamirano), realizaciones del Programa de Educación Audiovisual del IAER Paraná, Entre Ríos, el último video clip del grupo Anímica Lunar dirigido por Guillermo Mena, entre otros. 
Audios: Entrevista a Tiembla Delirio Orquesta (música), Entrevista a Amigos por la música (autogestión cultural), Audios experimentales “Comunión” y “Leche”, Entrevista en dos partes a la organización Wichán Ranquén, Entrevista a Rosana Daniele sobre Biodanza, Meditación, tema del músico Lost Tigres, entrevista a Marcelo Babini. 
Notas: reseña del libro Digresiones de Luis Benítez, entrevista a Lisandro Aristimuño, nota sobre María Fux, de Ana María Ferrari, entrevista a Asociación civil ACLAP (Circo Social), texto homenaje al poeta Javier Adúriz, crítica de la obra El Cetro de Renzo Fabiani (teatro), un ensayo sobre Cine y Literatura de Luis Benítez, entre otras. 
Poesía: de Yanina Magrini, Marcelo Fagiano, César Cantoni, Germán Arens y María Teresa Andruetto, Alejandro Schmidt y Enrique Solinas. 
Fotografías: de Manuel Maurino, Leo Fagiano, Violeta Formía, Romina Rovere y Germán Sayago. 
Cuentos: de Pablo Dema, Marcelo Díaz, Marcelo Dughetti y fragmentos de novelas de Rudyard Killing (seudónimo de Gustavo de la Arada) y Juan Filloy. 
Recomendados: el blog de Carlos Márquez y Guillermo Mena (artes visuales), Teatro infantil Chicos a lo Grande (Kika producciones, Dispar Nuevo Circo), y la obra infantil Chucherías del querer en El Mascaviento, la pintura de Licia Montesanto, entre otros. 
Sección Especial: la Casa Cultural El Hormiguero y su Club del Trueque, el colectivo de poesía, artes plástica y diseño Coacción, discurso de “Marcelo Ruiz: el rector que se define como un trabajador”, entre otros. 




SELECCIÓN DE POEMAS DE DIEGO FORMÍA 

consume / consume / boquea poco 
poco y nada / boquea vacío 
lo virginal. 

Hacia lo mínimo / mínimo / se mueve el pez 
sus coleteos excluyen / adrede 
la tele del minishop 

un filtro / al saturarse global / donde el pez se mueve 
menos 
por contaminación mirar 

sacarse un poco el ojo / al que dilata el paisaje 
fundirse en negro la imagen 
de la invasión. 

El pez se mueve / se mueve / saca de raíz 
no es agua firme la poesía del humor vítreo 
para meter la cabeza abajo 

el pez del ojo te viaja 
te avecita, te levanta el ala la tormenta 
en la tierra blanca / oblicua / del globo ocular 
el pez a los golpes de timón te deja fuera 
del lujo de la inocencia / al mismo tiempo anima 
como a un dibujíto 
japonés. 

……………………………………………………………………………… 

Hay que dejar / que sean las algas adentro / la gramilla afuera las que se eleven sobre lo construido sin reparar siquiera en cuidados desde abajo ya se pisoteó todo / lo suficiente hay que dejar el método de la cima / dejar de nadar / trepar la miseria. 


………………… 



ALGUNOS APUNTES PARA LA LITERATURA 
DE UN TAL JULIO FLORENCIO 
de Agustín Romano © 

Ésta va pa' usté, don Florencio, con su licencia. 



EI recuerdo imposible de una esquina y una noche en la que nunca estuve 
Hola, querida amiga. Hola, amable lector. 
Sí. Son muchos los hombres que se parecen a su voz. En cambio son realmente excepcionales aquellos que logran parecerse a sus imágenes. 
Este Florencio de nuestra memoria, igual que Borges, fue uno de esos pocos que lo lograron. Pero mientras que a Borges, con su aspecto de señor victoriano, no podemos imaginarlo más que en unos escasos sitios eternos –una biblioteca del suburbio (o de Babel, que es lo mismo), un salón de conferencias, un laberinto, la calle Florida o en Egipto en el momento de posar sus manos sobre una de las pirámides– a nuestro Florencio, en cambio, con esa pinta suya, mezcla de Gulliver, de intelectual y de pibe (con un no sé qué de atorrante), podemos calcarlo sin esfuerzo sobre cualquier paisaje, ya sea una calle de París o de La Habana, un globo a lo Julio Verne o un monasterio de la India, el Luna Park de Buenos Aires o una escuela de provincia, un sindicato o una universidad o –simplemente­– parado en una “vedera” de algún cafetín de mala muerte (donde solía tocar el piano su hermano Felisberto). ÉI llenaba todas esas imágenes y también toda su Inmensa literatura con el fuego de una pasión Insobornable. 
Por eso, antes que nada, quiero confesarte algo: Me hubiera gustado estar en aquella esquina del pasado cuando en el año 83 del siglo anterior, nuestro Florencio y este país se abrazaron para siempre. 
A veces me sueño en medio de aquella multitud de muchachos que avanzaba por nuestra calle Mayor y que de pronto comenzó a gritar “Ahí está Cortázar”, “Ahí está Cortázar”. Porque parado en una esquina, de vuelta en Buenos Aires, se encontraba nada menos que Julio Florencio Cortázar. 
¡Mirá si debió haber sido como para no salirse nunca de aquella noche de primavera! 

I. Tres universos 
Me gustaría compartir con vos, a lo largo de estas breves páginas, algunas cosas que he estado mascullando desde hace tiempo con respecto a nuestro entrañable “Cronopio”, que tienen que ver muy íntimamente con una pregunta: ¿Qué es literatura? y con algunas cuestiones concomitantes. Pero antes de entrar en estos vericuetos, quiero comunicarte previamente algunas impresiones mías. 
Pienso que a lo largo de su vida Cortázar generó tres universos literarios que, si bien se relacionan íntimamente, al estudiarlos es preferible otorgarles independencia, ya que la estricta ubicación cronológica de sus obras no siempre nos orienta. Esto equivale a decir que dos obras contemporáneas pueden pertenecer a espacios distintos o que otras dos, alejadas en el tiempo, deban ser colocadas juntas. 
EI primer universo creado por él –del lado de acá (Buenos Aires)–, que se abre con Casa tomada, es muy similar al kafkiano. Es decir, un universo misterioso con tiempos y espacios arbitrarios y en donde lo maravilloso sucede porque sí. Por el que transitan personajes pasivos o angustiados que suelen terminar transformándose en otros o en bichos, o largándolos por la boca. Un universo en el que la pérdida del territorio se da, generalmente, sin ninguna lucha y en donde el suicidio y la muerte son muy frecuentes. 
EI segundo universo creado –del lado de allá (París)– es un espacio en el cual están presentes muchos elementos del primer período. Esto en cuanto a las características subjetivas de los personajes pero allí el universo en tanto tal tiende a ser menos raro en su funcionamiento objetivo. Su característica desde el punto de vista estrictamente literario es fundamentalmente, como veremos, la de albergar una de las mayores renovaciones formales del siglo XX. Éste es el universo de Los premiosRayuela62-modelo para armar y Todos los fuegos el fuego. 
EI tercer universo –creado mirando hacia aquí y hacia allá (América y Europa)– es el que se abre con el cuento Reunión. El compromiso social es una de sus características. Los personajes que lo pueblan son activos y en varios casos se manifiestan en pugna palmo a palmo por un territorio. Este universo puede ser duro, pero en él existe claridad sobre valores como la justicia y las luchas de los pueblos. También expresa una notable conciencia sobre la función de los intelectuales, en especial la de los latinoamericanos. 
De estos tres universos –en cualquiera de ellos podemos encontrar obras maestras–, elijo un texto del segundo: Rayuela. Lo hago así porque considero que tal vez sea su obra más “revolucionaria” e Inquietante. 

II. La pregunta 
Ahora sí es conveniente plantearnos: ¿Qué es literatura? 
Julio Cotázar
Tomando el concepto de paradigma de Thomas Kuhn, me atrevo a responder: Literatura son todos los modelos que alguna vez fueron aceptados por alguna “comunidad literaria” (escritores, lectores, teóricos, críticos, medios, escuelas, universidades, etc.) para cualquiera de sus prácticas y que tarde o temprano fueron o serán reemplazados por alguno nuevo. 
Y ya que entramos en el terreno de lo teórico, aprovecho esta ocasión para recordarte que los formalistas rusos concibieran la obra literaria como un “artificio”, donde cualquier tipo de automatismos –tan comunes en la vida cotidiana– deben ser eliminados. Y también que Umberto Eco, entre otros, teorizó sobre un tipo de obra que es “armada” por el lector y que llamó “obra abierta”, cuyo ejemplo máximo es para él el Ulises de James Joyce. 

III. ¿Novela o contranovela? 
La primera cuestión que se nos plantea con respecto a Rayuela es saber “qué” es. 
Si bien es cierto que el problema de los géneros es un embrollo que no vamos a resolver aquí, debemos tener en cuenta que ya desde la contratapa de las primeras ediciones se la denominó “contranovela”. Es decir, desde antes de iniciar su lectura, advertimos que tendremos que enfrentarnos con algo “distinto”. 
Lo primero que nos llama la atención al recorrer sus páginas es el “tablero de dirección”, que nos propone que elijamos –por lo menos– entre dos tipos de lecturas posibles: una lineal hasta el capitulo 56 y otra que comienza en el 73, salta al 1, pasa al 2 y nos remite al 116. 
Pero lo más notable es el hecho de que el tablero nos autoriza a realizar nuestro propio armado, ya que afirma misteriosamente: “A su manera este libro es muchos libros”. De aquí en más, las “desautomatizaciones” que nos veremos obligados a enfrentar serán tales que en algún momento deberemos replantearnos todos nuestros “hábitos de lectura”. Seguramente, una pregunta que no nos hacemos todos los días es: ¿Qué significa leer? La respuesta, sin embargo, aunque parezca obvia, es bastante compleja. “Habitualmente” leer –para nosotros– es un acto continuo en que avanzamos letra tras letra, renglón tras renglón, página tras página, capítulo tras capítulo. 
Uno de los modos de leer Rayuela, como ya hemos visto, es éste. EI otro que podemos adoptar es un modo “cuántico” de lectura, es decir por “paquetes discretos” (los capítulos), similar a la celebre teoría de física de Max Planck sobre la emisión de radiaciones energé­ticas. O sea, pasar a manipular a saltos dichos capítulos, como nos propone el tablero, de un modo parecido al de los electrones cuando pasan de una órbita a otra de acuerdo con el modelo atómico de Bohr. 
Esta discontinuidad, sin embargo, no es la única. EI capítulo 34 nos propone una lectura doble. Los renglones pares responden a un texto y los impares a otro, tomado de una novela de Galdós: Lo prohibido. Pero aquí no terminan las “rarezas”. 
Vos y yo estamos acostumbrados a que cada vez que nos encontramos con alguna palabra, en tanto significante, automáticamente le atribuimos un significado. Por eso, otra de las “rarezas” de Rayuela es presentarnos un capítulo, el 68, de puro significantes, cuyos significados parecen haberse volatilizado. 
Debido a todas estas experiencias, el lector, o bien deja la lectura para otra oportunidad o pasa a tener conciencia de sus funciones activas y a ejercerlas, ya sea en el armado de la estructura de la obra o en el otorgamiento de sentidos. 
Es a partir de aquí que se renuevan, desde su raíz, todos los conceptos actuantes en el campo literario y se recomponen todos los contratos de lectura. 
¡Un nuevo paradigma se ha instalado! 
Desde este momento, el lector deja de ser aquel a quien el autor debe educar, guiar políticamente o convertir a alguna religión, como era el caso, por ejemplo, del lector pensado por el Romanticismo, tanto de Víctor Hugo como de Echeverría. Desde ahora es un coautor. 
Y como imaginarás, si la función de lector ha cambiado, deberán cambiar también todas las otras funciones, en especial la de autor. 
Estamos acostumbrados desde siempre a que el autor sea el amo y señor de su texto, y que ejerza el principio de propiedad privada y el poder de decidir de una manera absoluta. Desde siempre ha sido algo “natural” que él sea quien elija cada uno de los significantes que deben figurar en cada uno de sus textos, el que disponga del montaje de su obra y de todos sus significados. Este tipo de autor, por lo tanto, es similar al Dios Cartesiano, que dispone no sólo de la estructura de su universo objetivo, sino también de las estructuras mentales de los sujetos, que también son su creación. Este tipo de autor, para quien la originalidad es uno de sus más altos valores, es el que puede proclamar, como Huidobro: “EI poeta es un pequeño Dios”Rayuela, en cambio, nos propone un modelo de autor análogo, por un lado, al Dios de Giambattista Vico, que debe compartir su creación con otro sujeto: el hombre (en el caso literario, el lector). Y por otro, semejante al bricoleur de Lévi-Strauss, quien trabaja para armar su artefacto o artificio con materiales ya elaborados o de segunda mano. R.Barthes nos dice que todo escrito es un mosaico de citas. Así, en Rayuela, podemos observar que se insertan páginas de otros, pero con los respectivos nombres, o sea que Cortázar quiere hacer de esta novela una obra colectiva pero no anónima, sin borrar autorías. Encontramos desde un texto del inefable César Bruto o uno de Galdós hasta los tomados de Lévi-Strauss, Meister Eckhardt, José Lezama Lima, Anais Nin, Artaud, Cambaceres, Octavio Paz, etc., que la convierten en un auténtico “centón”. 
De este modo, la obra se transforma en una construcción abierta al infinito, dado que podemos incorporar o sacar de ella innumerables páginas o (¿por qué no?) rescribirlas. La literatura se transforma de este modo en algo similar a laSociedad civil de Vico, es decir en una construcción colectiva y humana que puede ser, por este motivo, conocida, dado que es nuestra obra. Si es que tenemos en cuenta el principio viqueano: “Sólo podemos conocer aquello que hemos hecho”
No hay duda de que si consideramos la historia que nos narra y los personajes, la de Rayuela es idéntica a otras historias, y los personajes semejantes a otros que solemos encontrar en el primer universo. Pero es su forma la que plantea una verdadera revolución. Es a partir de ella que esta obra, sea lo que sea, se transforma en un verdadero ritual de iniciación, al modo de la antigua alquimia que enseñaba que no se puede transmutar la materia prima y llegar a la piedra filosofal si no se efectúa un cambio en el alquimista mismo. 

IV. A modo de conclusión... o de principio 
Rayuela nos postula tres formas de leerla: 
1) La tradicional. Su espacio en el libro ocupa (en nuestra edición) 404 páginas. 
2) La que nos propone el tablero de dirección. Ésta es la que se constituye como un ritual de iniciación. Opera sobre nosotros obligándonos a optar por la discontinuidad y a replantearnos todos nuestros “hábitos de lectura”. Ocupa 635 páginas. Pero, el propio Cortázar propuso en “La vuelta al día en ochenta mundos” darle soportes distintos a la forma libro. Esta lectura, sin embargo, encierra dos trampas: a) ella misma puede convertirse en un automatismo más; o b) podemos quedar atrapados en una estructura cerrada, puesto que su último capitulo, el 131, nos envía al 58, que a su vez nos remite al 131. 
3) La que podemos realizar como Lectores-coautores. Esta lectura excede al libro o a cualquiera de los soportes que adopte. Los textos escritos o incorporados por Cortázar pueden ser reescritos o reemplazados al infinito hasta llegar a constituir la Obra Total. 
Sé de una sociedad anónima y sin fines de lucro que ha asumido esta tarea y ya ha elaborado miles de textos nuevos e incorporado todos los libros existentes en la Biblioteca Nacional. También sé de otra que se propone hacer lo mismo, pero no con textos sino con los objetos del mundo. A ambas organizaciones puede pertenecer cualquiera que se lo proponga. No es necesario realizar ningún trámite. Si querés integrarte a alguna de ellas, podés empezar, por ejemplo, reestructurando este artículo. 
¡Animate! 



CUANDO EL PERIODISMO SE PORTA MAL 
por Héctor Zabala © 

La experiencia histórica demuestra que muy a menudo y en todo el mundo occidental, los medios periodísticos –no importa si particulares o del estado– cuando quieren imponer una determinada idea que les conviene, apelan a técnicas para “formar opinión”. Entre estas técnicas encontramos: 


• La selección interesada de la noticia
Toda noticia que se emite es seleccionada a partir del universo de hechos nuevos que se producen a diario. Esta selección, en principio, se haría por razones de espacio y tiempo. Nadie puede imaginar que un diario cualquiera pueda, por ejemplo, informarnos en su sección policial de todos los crímenes que se produjeron en la víspera a lo largo y ancho del mundo. Hoy por hoy quizá lleguen a unos 1500 por día o cosa así, con lo cual ni ellos terminarían nunca de editarlos y publicarlos ni nosotros de leerlos. De ahí que la selección sea en principio una necesidad razonable. Hasta aquí bien. 
Pero la técnica non santa del medio periodístico es seleccionar aquellas que le conviene resaltar para favorecer a su línea de pensamiento político, económico, social, religioso, etc. y desechar las otras, dentro de un contexto en el que no cabrían simples razones de espacio y tiempo. Y esto es así porque en principio, todo medio periodístico responde a intereses creados, sea de los anunciantes que tiene en cartera (y que le sostienen el negocio editorial), sea del gobierno de turno a que responde, sea del grupo político opositor a ese gobierno de turno, sea de los grupos económicos o sociales que presionan al gobierno de turno o lo favorecen, sea de una combinación determinada de algo de esto. 

• La prioridad interesada de la noticia
Otra técnica más sutil, pero con objetivo similar, es dar prioridad a determinadas noticias. Esto se fundamenta en la idea de que una noticia puede serle de interés al gran público más que otra. 
Pero muchas veces el asunto es “inducido” porque al medio periodístico le conviene que una noticia quede en el inconsciente del público en lugar de otra más molesta para sí o que no responde a sus intereses editoriales o a los de sus sostenedores. 
En este sentido, en los medios gráficos se utilizan primeras planas, mayor cuerpo de letra, páginas impares, páginas centrales, determinados colores fuertes o recuadros, para destacar las noticias que desean priorizar. 
Y, por el contrario, “sueltos” que pasen desapercibidos, menor cuerpo de letra, páginas pares, colores apagados, para todo aquello que hay que comunicar pero pretendiendo que se lea como “al pasar” o no se lea. 
Algo similar puede (y se hace) con el tamaño o color de letra cuando se trata de canales de televisión, a la que se suman imágenes que resulten adecuadas a los fines buscados. 
En materia radial se recurre al tono de voz. Por ejemplo, a recalcar con voz tonante cuando se quiere poner énfasis en determinado hecho; o bien a usar un tono indiferente y rápido cuando la idea es que la noticia pase desapercibida. 

• La repetición de noticias similares
También es muy común la repetición de series de noticias diarias que dan una determinada sensación en favor o en contra de lo que se busca. Por ejemplo, si uno hace hincapié diariamente y de manera sistemática en algunos robos o asaltos “tomados al azar”, la sensación será de mayor inseguridad. 
Si uno, en cambio, hace hincapié en el apresamiento diario de delincuentes “tomados al azar”, quizá no disminuya mucho el malestar público, pero al menos dará la idea de que el gobierno se está ocupando del tema. Esta aplicación técnica fue muy utilizada durante las dictaduras militares en Argentina. Quien revise diarios de época se encontrará con mayor cantidad de crímenes resueltos o en vías de resolución que de los otros. Con la llegada de la democracia en 1983, sorpresivamente la policía, según esos mismos diarios, parece que “capturaba” menos delincuentes que antes. 

• El supuesto prestigio del medio periodístico
Somos… “el diario más vendido”, “la radio más escuchada”, “el canal de TV más visto”, “la revista de mayor circulación”. Éstas constituyen algunas de las infinitas variantes que buscan dar un halo de renombre para influir en el ánimo del público con miras a que se razone así: si este medio tiene tantos seguidores es porque debe ser bueno. Y lo peor es que muchos lo creen. 
Otra forma similar es ponerse a sí mismo determinados clisés a fin de grabarlos en el inconsciente colectivo: “el gran diario argentino” (“chino” o “suazilandés”), “la revista por excelencia”, “nuestro noticiero, sinónimo de la verdad”, “una TV junto a la democracia”, etc. Hasta hubo casos en que una misma fórmula pasó de un medio a otro por circunstancias desconocidas o, tal vez, por no haberse registrado a tiempo. 
Ahora bien, si cualquiera de estas frases de autoelogio las lanzara una persona física en una reunión, se traduciría como “soy el mejor” e inmediatamente provocaría la repulsa de amigos, vecinos y parientes, pero como lo dice una persona jurídica, a todo el mundo le parece correcto o al menos no parece producir demasiado desagrado. Sin embargo, se trata de un caso igual de detestable, sólo que colectivo. Y para graficarlo, pongamos por caso que varios hermanos dijeran “somos los mejores”; esto también volvería a provocar la repulsa de amigos, vecinos y parientes, tal como al principio. Pero la gente parece ser así de contradictoria: lo que no le perdona a un grupo de personas físicas, sí se lo perdona a un grupo de personas asociadas jurídicamente
Por supuesto, y lo más importante, es que nadie se pondrá a investigar sobre si es cierto de que se trata del medio periodístico de mayor audiencia o si el clisé responde a lo que realmente ese medio practica todos los días, tal como pretende que aceptemos a priori. 

• Apelar a una supuesta autoridad en la materia
“Si lo dice el doctor Fulano, entonces no pueden caber dudas”. Obviamente puede ser cierto que el doctor Fulano sea un honesto entendido en la materia y testimonie con absoluta imparcialidad científica. Pero a veces puede no ser tan cierto y el medio periodístico buscar ante una controversia cualquiera al idóneo que más le conviene para formar una opinión específica en el público. Esta técnica tiene por fortaleza para quien echa mano de ella (sobre todo si la usa aviesamente) el hecho simple de que la mayoría de las personas jamás se pondrá a investigar quién es ese famoso doctor Fulano “que sabe tanto” y si es cierto que en verdad sabe tanto. Ni tampoco el hombre de la calle se pondrá a comprobar si hay opiniones científicas igual de atendibles contra la postura de Fulano “que sabe tanto”. 

• Aplicación de sofismas
Hay muchas variantes pero la más clara consiste en utilizar los mismos elementos para argumentar que una decisión cualquiera puede ser buena o mala, según le convenga al medio periodístico o a su patrocinador. 
Por ejemplo, si se pretende un aumento de la exportación de trigo, bien puede hacerse hincapié en que esto incrementará las reservas de divisas para el país. Y buena parte del público lo creerá. En cambio, si por la razón que sea, se pretende que no aumente dicha exportación, bien puede recalcarse en que ese mayor aumento de la exportación triguera producirá como consecuencia indeseada una suba del precio interno del pan, por la menor disponibilidad de trigo para los molinos harineros del país. Y buena parte del público también lo creerá. 
Por supuesto, todo esto acompañado de los adjetivos que exageren debidamente la “catástrofe” futura, sea en un caso, sea en el otro. 
El secreto está en pronosticar un efecto positivo o negativo determinado o exagerar sus consecuencias futuras en uno u otro sentido, olvidando acompañar la opinión contraria o el análisis absolutamente imparcial con rigurosidad científica. 

• La supuesta opinión mayoritaria de la gente
Consiste en permitir o incentivar a que el público llame o escriba al medio periodístico, apoyando o denostando determinados hechos, actos o personajes para dar la impresión de que una gran mayoría opina tal como lo hace el medio en cuestión. Como esta “encuesta” puede salir al revés de lo que el medio pretende, muy bien puede éste hacer previamente una “selección” de los mensajes orales o escritos que deben entrar y los que no. 
Este fenómeno también se da en internet. Si el medio periodístico opina “equis” y ve que “equis” resulta ser una posición minoritaria, puede simplemente borrar las opiniones opuestas, o mejor aún, una parte para disimular. Digamos de paso que como los distintos estamentos sociales ya se identifican naturalmente con tal o cual medio periodístico, la tarea de borrar a los más molestos no se les hace tan engorrosa. 
La otra manera es hacer la pregunta de tal manera que sólo quepa moralmente una respuesta. Por ejemplo, después de un crimen aberrante, si el medio periodístico está dispuesto a promover la pena capital, puede iniciar una encuentra sobre si debe aplicarse tal pena en ese caso particular. Y por supuesto que, en caliente, obtendrá una buena mayoría de entre sus lectores, sin importar que un principio elemental del derecho impida legislar en materia penal con carácter retroactivo. Por supuesto que el medio no logrará la aplicación de una ley que restaure la pena de muerte, pero entonces como “premio consuelo” apuntará a la llamada “mano dura”, noción indefinible rayana en el cuasi delito policial. Y mucha gente, con la inocencia que la caracteriza, también se prenderá en el asunto. 

• Acudir a las malas comparaciones o comparaciones deficientes
“Esto en Europa o en USA no pasa”. Por supuesto, en Europa o en USA pueden pasar cosas similares y hasta peores, pero de eso no se habla. (Aquí también entra la selección diaria de las noticias.) Y si no se habla, no hay comparación posible. Sólo se deja indicado en el inconsciente colectivo que lo de fronteras para afuera siempre todo es mejor que lo nuestro. 

• Apelar a la supuesta imparcialidad del periodista
“A mí nunca me presionaron para decir (o no decir) una determinada noticia” o bien “a mí nunca me bajaron línea” se escucha a menudo en todo el mundo de parte del personal contratado por los medios. Pocas personas del público lo creen, pero muchos periodistas insisten en declararse tan independientes que parecen carecer de jefes y patrones. Hay quienes exageran agregando que tampoco gobiernos y anunciantes influyen en su opinión personal (salvo si de pronto los echan a la calle), lo cual es aún menos plausible. 
Es más, algunos de estos periodistas nunca explican por qué cambian de un medio periodístico a otro de línea de opinión completamente opuesta a la del primero. Tampoco nos aclaran a veces cómo es que han cambiado de pronto “sutilmente” de opinión. 

• Apelar al montaje
Hay medios que hacen de la noticia un espectáculo, una cuasi película, a fin de influir favorable o desfavorablemente en el inconsciente colectivo. Para eso el locutor se muestra relajado y alegre o por el contrario pone cara de circunstancia, engola la voz, y se convierte en un actor que “deja filmar” a la cámara hasta sus mínimos gestos. Es decir se monta un show donde el locutor es una especie de comediante o de actor dramático, según el caso. Si hay más de un locutor, por supuesto el efecto será mayor en el inconsciente colectivo, será “más creíble” para el público. Esto se parece a cuando a uno se le muere un familiar y el dueño de la funeraria se nos acerca para decirnos: “¡Cuánto lo lamento!” (Y sólo falta que nos agregue: la sociedad anónima que conformo está muy pero muy compungida.) ¿Pero lo lamenta de verdad, si ni nos conoce ni conoció al muerto y encima su negocio personal se fundamenta en que siga muriendo gente? 
Para aumentar la sensibilidad del público en uno u otro sentido, el sonidista del canal de TV o de la emisora de radio pondrá música de fondo acorde a la idea que se quiere transmitir: trágica, alegre, sensiblera, etc. Incluso recurrirá a ciertas bandas sonoras de películas muy conocidas (que ya están en el inconsciente colectivo) a fin de crear un paralelo en el estado de ánimo del oyente o del televidente. Y si se quiere pasar como ridícula una resolución oficial o un pedido de la oposición política, aplicará música de circo o de carrusel, lo que provocará una sensación de frivolidad o burla en el público, aunque después los directivos del medio periodístico jurarán y perjurarán que nadie dijo una sola palabra ofensiva. Si se quiere por el contrario apoyar esa misma resolución oficial se recurrirá a una marcha triunfalista, a música clásica o simplemente se suprimirá la música de fondo. 


Se podrían agregar más técnicas que utilizan los “formadores de opinión”, pero creo que con esto ya es suficiente. Ahora bien, 

¿cuál es la idea de “formar opinión”? 
Y aquí está el quid. Las preguntas del millón serían: ¿acaso no soy mayor de edad?, ¿acaso no tengo capacidad de análisis por mi propia cuenta?, ¿debe alguien “pensar” por mí y yo seguirlo como una oveja metida en un rebaño?, ¿el medio es acaso mi gurú o guía espiritual?, ¿y todo esto por qué? 
Bueno, la idea central es que uno piense como ellos, que se identifique con ellos. Una especie de idea de pertenencia al medio periodístico en cuestión. 
En realidad, “formar opinión” es anular la que uno pudiera tener, si analizara todo con su propia cabecita. En síntesis, se busca una especie de esclavitud intelectual. Una sumisión benigna, “voluntaria”, obviamente, porque ninguna ley o contrato une al lector (o televidente o radioescucha) pasivo con el medio que ejerce la acción activa; y uno puede dejar de comprarlo (o verlo o escucharlo), pero no deja de ser una esclavitud al fin. De ahí que resulte ser la mejor manera para que la gente no analice y reciba todo perfectamente deglutido. Una manera de tener idiotas útiles que afirmen con gusto “qué bien que hablan en ese medio periodístico”, “esta gente sí que nos dice la verdad”, “yo los escucho todos los días”. 

¿Es efectiva esta manera de influir en la opinión pública? 
Si recurrimos a la historia, parece ser que –como las leyendas urbanas– estas técnicas pueden resultar efectivas a corto plazo para el medio periodístico cuyas ideas morales no sean demasiado estrictas. Aunque cabe aclarar que no siempre les resultan, aun en períodos así. Digamos que a veces el machaque terco y sensacionalista sobre determinados temas puede influir en alguna medida en el ánimo de la gente en favor de la opinión que se quiere lograr. 
Sin embargo, la misma historia demuestra que tales técnicas son un verdadero fracaso a plazos medianos o largos en ambientes democráticos (y probablemente en otros ambientes también), y lo que es peor, a medida que pasa el tiempo, estas técnicas (que siempre dejan su hilacha) hacen que la gente pierda credibilidad en el medio periodístico que las utiliza de continuo

Conclusión
La gente no perdona que le mientan o la manipulen. Esto debería grabárselo a fuego todo periodista que pretenda hacer una carrera larga y honesta. La gente, tarde o temprano, se da cuenta si la intención es manipularla, mentirle o ambas cosas. Y cuando el público toma consciencia de tal, es inflexible: se la cobra con el sambenito de “ese periodista es un chanta” o con el simple del olvido. Para cuando el periodista caiga en desgracia y sólo aparezca en ignotos canales de cable o en perdidas FM barriales ya no habrá retorno. 
Ningún periodista debería olvidar que es siempre él quien da la cara, y no los gerentes, anunciantes, el gobierno o la oposición de turno. Y que cuando su técnica no resulte o salga a la luz su indecencia profesional, el medio periodístico que lo indujo a aplicarlas se sabrá deshacer de él, como papel viejo, con el apoyo de otras técnicas empresarias bien aprendidas a través de centurias. 
Porque quienes se dejaron presionar durante años para seguir una línea editorial de un medio determinado, que no resultó la verdad manifiesta e inocente que se pretendía, no puede venir a decirnos después “no, a mí nunca me presionaron”, “yo siempre dije lo que pensaba” o cosa similar. Y un periodista nunca debería olvidar que mentir “inocentemente” a un individuo en particular puede ser una travesura que el otro quizá hasta pueda perdonar, pero mentirle a la multitud resulta casi un delito que jamás se perdona. 



REALIDADES Y FICCIONES © 
Revista de literatura y algo más
Ciudad de Buenos Aires, Argentina 
REVISTA: http://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/ 
SUPLEMENTO: http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/ 


Héctor Zabala (dirección y narrativa) 
hector_zabala_literatura@yahoo.com.ar 
zab_he@hotmail.com 
(http://hector-zabala.blogspot.com/) 
(currículo: http://www.polisliteraria.blogspot.com/) 

Luis Benítez (poesía) 
lben20032003@yahoo.com.ar 
(currículo: http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/) 

Agustín Romano (ensayo) 
elhiloyellaberintoradio@hotmail.com 
(currículo: http://www.polisliteraria.blogspot.com/)

No hay comentarios: